Jóvenes y perdidos (como debe ser)

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Camila Gutiérrez y Marialy Rivas, guionista y directora de ‘Joven y alocada’. (Julián Pérez)

(Texto: Bernardo Romero) JOVEN Y ALOCADA. Chile, 2012. 92′. XXXVIII Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Sección Oficial a Concurso. Directora: Marialy Rivas. Guión: Marialy Rivas, Camila Gutiérrez, Pedro Peirano, Sebastián Sepúlveda y María José Viera Gallo. Montaje: Andrea Chignoli y Sebastián Sepúlveda. Fotografía: Sergio Armstrong. Música: Guga Bernardo. Dirección Artística: Polín Garbisu. Intérpretes: Alicia Rodríguez, María Gracia Omegna, Felipe Pinto, Aline Kuppenheim, Ingrid Isensee y Alejandro Goic. Productora: Fábula. Blog: www.jovenyalocada.blogspot.com.

Una cinta que debería haber roto las taquillas de todos los cines chilenos, suramericanos, europeos o de dónde hiciera falta. Pero hay un problema. Siempre hay un jodido problema. En este caso, que los jóvenes y alocados de Chile, de todo el continente americano y del euroasiático y de donde haga falta, no están por la labor de pagar un céntimo por ver una película o escuchar una canción. ¡¿Pagar?! Eso es cosa de locos y más en estos tiempos que vivimos, tan divertidos y estupendos. De pagar nada de nada monada. Con deprimirse y no saber por donde andan, como debe ser, tienen suficiente los jóvenes de aquí y de allá. En todo tiempo y en todo lugar siempre fue igual. Para orientar a los púberes desorientados ya están sus lindos papaítos, sobre todo cuando son tan anormales e imbéciles como los papás de Daniela la protagonista que decide encontrar en el sexo la respuesta a todas esas dudas que las cartas de Pablo a los corintios no pueden en modo alguno resolver. Estos de la cruz y el fuego eterno, realmente, en dos milenios no han resuelto ni una. Quizás por eso el chiringuito les vaya tan bien.

Cuentan las crónicas latinas, que a Joven y Alocada, una película fácil y fielmente adaptada a los cánones actuales, ha sembrado el terror entre las filas conservadoras, entre los evangélicos y otros grupos no precisamente minoritarios que son el verdadero terror, también hoy como ayer, de estos atribulados tiempos. Mejor. Sólo enfrentando a los estúpidos contra su propia estulticia habrá probabilidades, por mucho de que éstas sean mínimas, de que saquen sus deterioradas cabecitas del hoyo y puedan mirar, y si es de manera limpia mejor, a su alrededor. A lo mejor se dan cuenta también de que el verdadero infierno es el que llevan ellos en sus pensamientos y no el que llevan los jovencitos lindos como estos de la película, en sus partes pudendas, En el mismísimo pico y en la mismísima chucha o como le digan – no estaría mal subtitular las películas chilenas o las argentinas, aunque sea en inglés – es dónde tiene que estar el fuego y de hecho el estar ahí es lo que ha permitido al hombre crecer y multiplicarse hasta cubrir la faz de la Tierra. El morirse de miedo ante lo que venga después de la muerte – que no viene nada: te mueres y a tomar por culo la bicicleta-, es lo que ha permitido al hombre, a unos cuantos hombres, dominar al mundo y de paso al resto de los hombres, a un montón de hombres, a casi todos los hombres.

Pero dejémonos de vainas y filosofías baratas, que luego pasa lo que pasa. La peli no está mal, se deja ver aunque quizás para lo que cuenta le sobre un poco de metraje. También para los gustos modernos, para el segmento de población al que presuntamente se dirige, la película se hace un poco larga. Debería haberse movido más en los tiempos del videoclip, pero como ha ocurrido siempre nos tendremos que resistir a claudicar y a adaptarnos a estos tiempos tan vertiginosos que vivimos. Por lo demás, la cámara al hombro, muy bien llevada, Godard, si tiene tiempo entre película y película -después de Film Socialisme va a presentar este próximo año Adieu au Languaje – seguro le pondría un notable alto a este final de escapada que es algo más que una cámara al hombre bien movida, es un montaje verdaderamente impecable y sorprendente y una fotografía que tampoco da respiro. Recomendable para los jovencitos ardientes pero también para sus papás. Sobre todo si son tontos del mojino y no han leído la primera carta a los corintios del apostol San Pablo, o la han leído y no se han enterado de nada, que nada es la vida si no hay amor. Y el amor para que sea verdadero, ya saben ustedes por donde tiene que entrar.

 

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