Resaca iberoamericana

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Las colas en el Gran Teatro han sido la mejor noticia del Festival.

(Texto: Yolanda Sánchez)   Puff!… el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva echó el telón. La exclamación es de alivio, al saber que la crisis, en esta ocasión, apretó pero no llegó a ahogar. Este evento forma parte de la identidad de esta ciudad que ha visto ya cómo se desplegaba la alfombra roja (en esta edición mucho más corta) por la calle durante 38 años consecutivos, un aval que muchos quisieran, tanto por lo de cine como por lo de Iberoamericano.

El festival siempre ha sido una bocanada de aire fresco en las pantallas de la capital. Es una oportunidad para ver las películas que se salen de los circuitos convencionales y comerciales. Esta máxima se mantiene dentro la evolución que le ha permitido mejorar de la mano de la técnica, pues con pocos recursos se llega a las salas con una imagen de calidad excelente.

Esto ha dado una nueva dimensión a los directores del otro lado del Atlántico que cuentan historias o que pretenden transmitir más de la mano de la imagen que de la palabra, aprovechando los sorprendentes parajes naturales de América Latina.

El resumen de esta edición ha sido una decena de largometrajes que han llegado en pelotón a la meta del palmarés, difícil lo tuvo que tener el jurado. Junto a la indiscutible ganadora, *Infancia clandestina* del argentino Benjamín Avila, que logra contar la represión de la dictadura desde un punto de vista diferente a la crudeza que nos tienen acostumbrados y con la peculiaridad de evitar las escenas más violentas con la animación, se ha proyectado la comedia negra, también argentina, *Ni un hombre más* que arranca (literalmente) carcajadas a los espectadores, algo que no es fácil. *De martes a martes*, la brasileña *O palhaço* o la mejicana *Fecha de caducidad* son otros títulos más que recomendables para el gran público.

Las colas a las puertas del Gran Teatro dejan claro que los ciudadanos respaldan el festival, aunque este apoyo responda más al reparto gratuito de entradas entre algunos colectivos sociales y centros públicos que a pura afición, sin embargo la gente ya no abandona masivamente la sala cuando apenas se lleva 30 minutos de proyección como ocurría hace años cuando el espectador hacía más de héroe que de público; eran otros tiempos. Quienes no terminan de aterrizar en las proyecciones son los universitarios, cuando estos son imprescindibles en todo festival que se precie y que quiera afianzar su permanencia. Hay que buscar la fórmula para que los jóvenes se incorporen con normalidad, de lo contrario seguirá caminando con dificultad.

Este ha sido el festival más iberoamericano, y no lo digo porque no haya habido ninguna producción española para competir por el Colón, que no la ha habido, sino porque el evento ha estado concentrado en el concurso y poco más, la crisis ha dejado atrás las secciones paralelas que contribuían a hacer algo más comercial el festival. Sin embargo esta escasísima oferta paralela, bien elegida, resultó ser más prometedora de lo que se intuía en principio con títulos como *Ali* del sevillano Paco R. Baños y Un cuento chino con Ricardo Darín como protagonista. La cuestión es que el protagonista ha sido lo iberoamericano, puro Iberoamericano, hasta dejar resaca, como en las mejores fiestas, por mí, que siga así por muchos años.

 

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