Solemnidad en la procesión de la Purísima Concepción por las calles de Huelva

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Imagen de la Inmaculada Concepción por las calles de Huelva.

(Texto y fotos: Miguel A. Moreno)  Nació el día desapacible, con niebla y calles mojadas. No era el principio más propicio para un día de la Inmaculada cada año más esperado. Pero a medida que pasaba la mañana entre besamanos, funciones y tertulias cofrade, el cielo se abría como el rompimiento de gloria de un lienzo barroco. Llegó a hacer calor en las horas centrales del día, cuando yo todo el horizonte se pintaba de un color: azul Purísima.

A las cinco de la tarde, los tambores de la Banda de la Salud anunciaban calle Concepción arriba que un año más la Hermandad de la Inmaculada se disponía a pasear por el centro de la ciudad a la Patrona de la Diócesis onubense. Hermandad joven en la que debutaba la nueva Junta de Gobierno encabezada por Pedro Morcillo. Los instantes previos a la salida sirvieron para reconocer la labor de su antecesor en el cargo, Nacho Molina, a quien la corporación entregó un bello dibujo de la Purísima vista por el artista que la esculpió, Mario Moya.

La Cruz Alzada abría camino a un cortejo donde destacó la amplia presencia de alumnos del colegio María Inmaculada, con el que la Hermandad estrecha lazos año tras años. También acompañaban con sus estandartes las corporaciones de los Estudiantes, Emigrantes, Huelva, Calvario, Oración en el Huerto, Nazareno, Soledad, Cinta y Victoria. Pasaban algunos minutos de las cinco y cuarto cuando el paso de la Inmaculada traspasaba la puerta principal de la Parroquia de la Concepción, a los sones del Himno Nacional que interpretó la Banda del Maestro Tejera. Rosas blancas y margaritas verdes componían el exorno floral sobre cuatro jarras doradas, cedidas por la Hermandad de la Victoria.

Caía la tarde mientras la Virgen avanzaba por Palacio y Arquitecto Pérez Carasa, donde el prioste tuvo que subir al paso para retirar uno de los pendientes que lucía la imagen tras haberse caído el otro en las primeras chicotás. Entre dos luces, el paso comandado por Francisco Rey llegaba hasta la calle Alonso Sánchez en una revirá de ensueño. Sonaba Virgen de la Palma.

Y con sones de Rocío en pleno año jubilar almonteño se alcanzó uno de los lugares donde con más ilusión se espera a la Virgen: el Convento de las Hermanas de la Cruz, del cual es Titular la Inmaculada. Poco después, otra de las citas señaladas, la capilla de Santa María de la Esperanza donde la Reina de San Francisco la recibía este año con los colores celeste y blanco de la iconografía concepcionista.

Por las calles más íntimas del centro histórico llegó uno de esos momentos que marcan la historia íntima de las cofradías y hacen diferentes las vivencias de cada año. Los sones de Macarena del maestro Cebrián fueron testigos de la primera chicotá mandada por un jovencísimo capataz. Gonzalo Rey Luengo debutaba como hombre de negro y a buen seguro que nunca se le olvidará el momento vivido en la esquina de La Paz y Rábida, ni el aplauso con el que los presentes premiaron la delicadeza y la elegancia del trabajo de la cuadrilla de la Patrona de España.

Entre el brillo de las luces navideñas, la melancolía se asomaba al repertorio desgranado por Tejera. Valle de Sevilla y Soleá dame la mano acompañaban la subida por la calle Vázquez López buscando el tramo final del itinerario. El movimiento del paso arrancaba destellos a las lentejuelas del pecherín de la Señora, un año más vestida por Juan Robles. Repartidas por su pecho, sus brazos o entre los pliegues del manto, numerosas joyas cedidas por sus devotos, cada una con una historia detrás.

De vuelta a la calle Concepción, hasta la alarma de uno de los comercios se entusiasmó más de lo debido ante la nube de incienso que precedía a la Purísima. Nuestra Señora de Guadalupe, de Antonio Pantión, fue la última marcha antes de que con Pasan los campanilleros llovieran los pétalos sobre el paso y acometiera la cuadrilla el giro que lo dejaría cuadrado a los pies de la rampa del templo. Mientras Tejera volvía a acometer las notas del Himno Nacional, un nuevo día 8 de diciembre se dormía orgulloso de haber regalado a la ciudad, desde el Carmen a San Francisco, desde Pérez Cubillas a la Concepción, un nuevo día de la Inmaculada lleno de fervor mariano.

(Toda la información del mundo cofrade y religioso onubense en www.huelvacofrade.com)

 

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