Inaugurada en Ayamonte la exposición de la obra de la pintora fallecida Etty Cardoso

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Inauguración de la exposición en Ayamonte.

La Sala de las Tinajas del Centro Cultura “Casa Grande” acoge desde ayer una exposición de la pintora ya fallecida Etty Cardoso, en cuya inauguración estuvieron entre otras personalidades, el Delegado del Gobierno Andaluz en Huelva, José Fiscal y el Alcalde de Ayamonte, Antonio Rodríguez Castillo.

Etty nació en Venezuela, en un pueblecito del Estado Trujillo llamado El Dividive y poco después se traslada su familia a Valera donde vivió desde entonces.

Estudia en la Universidad del Zulia, donde se gradúa en Ciencias Pedagógicas en el área de Tecnología Educativa.

Al finalizar sus estudios se traslada en su primer destino a Cancagua del Estado Miranda a una hora de Caracas donde permanece 22 años en un Liceo de la localidad hasta que se le diagnostica el cáncer de mama, y donde tras estar vario meses de baja se jubila por enfermedad.

Es en esa época, corría el año 2002, donde conoce a su marido y donde deciden venirse a España, en el año 2004 en concreto a Ayamonte donde permanece hasta su muerte en 2012.

Ha realizado varias exposiciones tanto en Ayamonte como en Huelva.

Etty hasta el último minuto de su vida estuvo pintando, esa era su vida, ese era su escape.

De ella se ha escrito lo siguiente:

Esta mujer de cuerpo pequeño pero de pincelada gigante, eleva el color a cotas jamás vistas, fruto quizás del colorido que todo latinoamericano lleva en la sangre y si es del caribe, esa simbiosis, toma forma de Tucán y se eleva hasta el pico Bolívar (El macizo más alto de Venezuela a 4.200 metros sobre el nivel del mar) para caer en picado hasta las aguas cristalinas del mar caribe….

Como digo ese colorido lo expresa porque lo lleva en la sangre, porque nació con él y en él, desde la puerta de los Andes donde aprendió a dar sus primeros pasos en el verde follaje de sus montañas, donde el amarillo del sol le resoplaba cada mediodía, una vez que el gris manto de la niebla le dejaba paso desde la cercana cordillera de los Andes, el silencioso y colorido volar del Cóndor.

Su pincelada se va formando después y a pesar de todo, cuando la Universidad la sorprende en el caluroso Maracaibo, por ende, estado petrolero, donde el negro de su liquido se mezcla con el sol y el azul cristalino del caribe y esa mezcla, junto con el rojo de su corazón y un arco iris que se le abre paso en la Universidad del Zulia donde la efervescencia de los años 70 va creando círculos artísticos en los que no deja de participar en ningún momento en todos sus ámbitos artísticos, tanto pintura como teatro, donde llega a formar parte de un grupo, pasando por sus pinitos en el cine, donde junto con algunos compañeros montan un corto, que pasaría a formar parte del material de la Universidad, pero sin olvidar sus responsabilidades educativas, y donde se gradúa en Ciencias Pedagógicas en el área de Tecnología Educativa; terminan por forjar ese ímpetu artístico.

Su espíritu aventurero, herencia de sus heroicos antepasados, la lleva a embarcarse a pesar de su juventud y de la inestabilidad política y social del momento, y a kilómetros de su familia y sus amigos, en una experiencia educativa en las cercanías de la capital del país, Caracas, en una población que hasta su nombre invita a seguir expresando su arte… Caucagua le abre su corazón verde selvático, y ella lo plasma en lienzos que expresan sus ansias y sus frustraciones, sus alegrías y tristezas, pero siempre con unas ganas de vivir que hacen de su pintura una explosión terapéutica que estalla en el corazón de quien la observa. No en vano, esa experiencia va encaminada a enseñar en un instituto (Liceo le llaman por allí), esas artes ya tan suyas, como el mirar tan profundo que despierta en los demás, vértigos rasgueados de cuatro (Instrumento musical típico del país).

Esas ganas de vivir, su pintura, y su enorme corazón creado a partir de sus propias pinceladas hacen que supere la tristeza propia de la lejanía, para la que se rodea de una familia que será quien la va a acompañar toda su vida, y una enfermedad que no le va a impedir que su pintura vaya creciendo y creciendo como la lluvia tropical entre sus dedos, hasta que por capricho del destino, se topa con quien a la postre acabará por ser su marido y con quien termina de crear esa familia que le faltaba.

Con el bagaje de su viva pintura, y su familia, da el paso definitivo de su aventura, cruza el atlántico y se instala en Ayamonte…

 

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