Unos fantasmas muy reales

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Monumento a Colón en el centro de Huelva.

(Texto: Bernardo Romero)  El Museo de Huelva acoge en su sala Siglo XXI el trabajo que resultó ganador de la última Beca Daniel Vázquez Díaz auspiciada por la Diputación Provincial de Huelva.

Efigies y Fantasmas lleva por título el trabajo de Elo Vega y Rogelio López Cuenca, una pareja que ha buscado en el callejero municipal bustos y gestos, herrumbre y mármol que nos indican de modo revelador los resortes del poder. Así de fácil y así de claro lo han puesto los artistas en una instalación que nos ha resultado inquietante y certera a la vez. Un buen trabajo.

Efigies y Fantasmas podría parecer un recorrido por los monumentos de la ciudad de Huelva y su entorno, pero es en el fondo un monumental catálogo inciso en la no tan firme columna que vertebra el sistema político, económico y social que aquí, como en todos lados, sustenta este complejo mundo en que vivimos. Y no está exento de crítica el planteamiento que los autores exponen en el museo de la Alameda Sundheim, una crítica además que logra robar una sonrisa al espectador, espantado en el fondo al comprobar que lo que tiene ante sí, es una caricatura terrible de los resortes del poder.

A la entrada el espectador encuentra a su derecha lo que aparentemente es un árbol. Pero no, son los ríos Tinto y Odiel encontrándose y envolviendo a la ciudad que no es más que el elemento canónico de una realidad abrumadora pero desmenuzada sin miramientos de ningún tipo por Vega y López Cuenca. Los ríos y la ciudad, con hojas que no son más que el emplazamiento exacto de cada uno de los monumentos que los artistas han seleccionado – prácticamente la totalidad – para realizar su trabajo. A la izquierda el primero de los dos audiovisuales que constantemente desgranan imágenes que parecen – pues aquí todo es pura apariencia, venimos diciendo -, amables e indiferentes sobre un monumento a Colón, el ubicado en la plaza de las Monjas, velándose constantemente. Una música impenetrable llevará al espectador a través de una suerte de paneles escaqueados de daguerrotipos que reflejan los rostros impenetrables que legaron a la posteridad la soberbia del poder. Porque es una lectura tremenda la que estos artistas han realizado y luego construido para los receptores de este trabajo, con esta su peculiar guía monumental.

El fondo de la sala Siglo XXI, luego de haber recorrido los paneles de retratos imponentes, cierra un círculo que cada cual podrá recorrer, tal como los autores afirman en el libro que es parte inexcusable de la exposición, como le venga en gana. Da igual, al final todo se cierra con un dedo índice múltiple, de todo tiempo y color, que no hace más que indicar el sentido original de la muestra, de esta inquietante instalación, el dedo que señala, que impone y que ordena. Elo Vega y Rogelio López Cuenca han realizado una alegoría del poder inquietante y, si ustedes me lo permiten, hasta divertida, pero sobre todo una guía monumental absolutamente inexcusable para quienes pretenden conocer esta y cualquier otra ciudad, una guía sobre una realidad que, depende de cómo se mire, puede parecer terrible o ridícula. El espectador, en esto como en la forma de recorrer la instalación, también puede elegir, porque la visión de los artistas es una visión limpia y libre.

 

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