Moción de Mesa de la Ría contra el ‘fracking’

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El grupo municipal Mesa de la Ría ha presentado una moción en el Ayuntamiento de Huelva para que se declare el municipio de Huelva como “territorio libre de fracking”, como ya han hecho otros ayuntamientos del país.

Igualmente, Mesa de la Ría solicita que se inste desde el Ayuntamiento a la Diputación y a todos los municipios de la provincia a hacer lo mismo y a la Junta de Andalucía, para que prohíba las técnicas de facturación hidráulica en la Comunidad autónoma.

Por último, el grupo municipal quiere que “el Ayuntamiento paralice el tratamiento de aguas geológicas en la depuradora de Huelva, procedentes del los yacimientos Poseidón de la empresa REPSOL INVESTIGACIONES PETROLÍFERAS S.A. que al ser una actividad que carece del respaldo legal imprescindible, esta Corporación está obligada a rescindir el contrato o convenio que hubiere”.

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

La fracturación hidráulica o fracking es una técnica para posibilitar o aumentar la extracción de gas o petróleo del subsuelo. El procedimiento también denominado de extracción de Gas No Convencional, consiste en la inyección a enorme presión de materiales en el terreno, con el objetivo de ampliar las fracturas existentes en el sustrato rocoso que encierra el gas o el petróleo favoreciendo así su salida hacia el exterior. Habitualmente el material inyectado son grandes cantidades de agua mezclada con numerosos productos químicos, espumas o gases.

Existe una gran alarma social sobre el peligro medioambiental derivado de esta técnica, pues además de un enorme consumo de agua, es habitual que junto con la arena se incluyan multitud de compuestos químicos, cuya finalidad es favorecer la fisuración o incluso la disolución de la roca, y que podrían contaminar tanto el terreno como los acuíferos subterráneos. La técnica tiene altas posibilidades de que una de las fracturas inducidas alcance un acuífero, contaminando el agua con los fluidos de la fracturación y con el propio gas de la formación que se pretende extraer. Cada perforación, necesita unos 200,000 m3 de agua para la fracturación hidráulica. Teniendo en cuenta que los aditivos químicos suelen suponer entorno a un 2% del total de agua introducida, esto supone que en cada pozo se inyectan 4,000 toneladas de productos químicos altamente contaminantes, estos retornan a la superficie (sólo un 15-80% de los mismos) teniendo que ser depurados, si bien no se detallan técnicas reales de depuración y cantidad de fluido que pudiera ser retornados una vez depurados.

Las principales repercusiones posibles son la emisión a la atmósfera de contaminantes, la contaminación de aguas subterráneas y acuíferos, debido a los flujos incontrolados de gas o fluidos causados por erupciones o derrames, la fuga de fluidos de fracturación y el vertido incontrolado de grandes volúmenes de aguas residuales. Los fluidos de fracturación contienen sustancias peligrosas y su reflujo contiene además metales pesados y materiales radiactivos procedentes del depósito. Se han identificado importantes impactos:

– Gran consumo de agua asociado, ya que cada pozo requiere de media unos 9.000 a 29.000 toneladas de agua.

– Compleja gestión de las aguas residuales generadas, ya que se utiliza una mezcla de agua presión con arena y cientos de componentes químicos que requieren depuraciones especificas industriales. Las plantas depuradoras a las que acuden estas no están preparadas para filtrar tales componentes.

– Ruidos e impactos visuales, ya que una plataforma de seis pozos requiere entre 8 y 12 meses de perforación continua, día y noche, además de miles de viajes de camiones cisternas con productos químicos para la perforación y el tratamiento de sus residuos.

– Impacto sobre el paisaje. Cualquier tipo de instalación extractiva tiene un enorme efecto en el paisaje. Es necesario realizar cientos de pozos ocupando amplias áreas (la separación entre ellos ronda entre 0,6 a 2 km) e inyectar en ellos millones de litros de agua cargados con un cóctel químico y tóxico para extraerlo. Además hay que tener en cuenta el impacto visual de camiones cisterna entrando y saliendo de las plataformas.

– Contaminación del aire, ya que durante el proceso se producen inevitablemente fugas de gas natural 20 veces más potente que el CO2 como gas de efecto invernadero.

– Problemas de salud, ya que los agentes químicos utilizados están causando casos registrados de migrañas, náuseas, y problemas en el sistema respiratorio entre habitantes. Algunas de las sustancias químicas se sabe que son tóxicos, cancerígenos o mutagénicos.

– Se ha constatado un aumento de la sismicidad no sólo con la fracturación hidráulica, sino con la extracción de gas convencional. Países como Holanda se harán cargo de los daños por terremotos en las poblaciones afectadas. De singular peligrosidad en las cercanías de centrales hidroeléctricas, nucleares, centros logísticos de almacenamiento de combustibles, refinerías, regasificadoras, oleoductos, etc.

En Estados Unidos, país pionero en la utilización de esta técnica contaminante, un informe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EEUU asocia el fracking con la contaminación de las aguas en el estado de Wyoming.

En Europa no existe una regulación específica sobre la técnica del fracking. Diversos países europeos ya han prohibido la técnica de fracturación hidráulica en aplicación del principio de precaución y un informe emitido en junio de 2011 por la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo, concluye que con la fracturación hidráulica se produce una «emisión de contaminantes a la atmósfera, contaminación de las aguas subterráneas debido a caudales de fluidos o gases provocados por escapes o vertidos, fugas de líquidos de fracturación y descargas no controladas de aguas residuales, así como la utilización de más de 600 productos químicos para liberar el gas natural».

En España, El gobierno de Cantabria aprobó la Ley en la que se regula la prohibición de la técnica fracking. Sin embargo el Ministerio de industria y comunidades autónomas como el País Vasco o Castilla y León están concediendo permisos de investigación, pese al enorme rechazo social. En nuestro país no es fácil determinar en qué zonas se va a aplicar el fracking, ya que las empresas solicitan permisos de investigación y no están obligadas a decirlo hasta que se perfora el pozo.

En Andalucía, Cádiz se ha convertido en la primera provincia andaluza en la que se busca gas sobre el terreno y en la que se sondearán 80.000 hectáreas desde La Janda hasta el Campo de Gibraltar, más del 10% del suelo de la provincia, incluyendo tres parques naturales, La Breña, el Estrecho y Los Alcornocales, el segundo en importancia de Andalucía tras Doñana, en donde se utilizarán técnicas que incluyen la perforación de sondeos.

En Huelva, zona sísmica y con riesgo de tsunamis, no tardará mucho en llegar el aluvión de tales permisos para estudios o extracción, especialmente en zonas protegidas como Doñana, si no resulta que se está realizando ya, en la medida de que REPSOL (RIPSA) realiza extracciones de gas en las costas de Doñana sin Autorización Ambiental Unificada y sin control ambiental. Y el Ayuntamiento de Huelva, que sigue ocultando el convenio de la empresa municipal Aguas de Huelva, las analíticas y la documentación solicitada, permite el tratamiento de los residuos en la depuradora municipal y una gestión irregular de agua, para una actividad que la Junta de Andalucía no controla ambientalmente y a sabiendas del incumplimiento de la legislación.

 

 

 

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