Los rocieros moguereños ya están en casa

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Mayordomas para el Rocío 2014.

Mayordomas para el Rocío 2014.

La Hermandad del Rocío de Moguer regresó en la tarde noche de ayer a la ciudad del Tinto tras renovar un año más su compromiso de fe y devoción con la Blanca Paloma en la Romería de Pentecostés.

Con las últimas luces del día hacía su entrada en la localidad el centenario Simpecado de la Filial moguereña, ante la atenta mirada de cientos de vecinos y vecinas que se echaron a la calle para recibir a las carretas y dar la bienvenida a los romeros.

Pero antes de reencontrase con sus paisanos y recorrer el casco urbano de la cuidad, la comitiva rociera se detuvo en la ermita de Montemayor para rendir culto a su Patrona durante la celebración de la Misa de Acción de Gracias oficiada por el párroco José Manuel Raposo.

El Alcalde de Moguer Gustavo Cuéllar junto a otros miembros de la Corporación Local se desplazó hasta el santuario que cobija a la Virgen de Montemayor para dar la bienvenida a la expedición rociera, que ha demostrado un año más la prestancia que caracteriza a esta Hermandad.

Con el templo abarrotado de fieles tomó la palabra el Hermano Mayor de la Filial Manolo Morales, para agradecer la entrega y el trabajo realizado por los Mayordomos de este Rocío, que emocionados decían adiós a una de las experiencias más intensas e inolvidables que puede vivir un rociero; y para dar la bienvenida a los que asumirán esta gratificante responsabilidad el próximo año, una treintena de moguereños y moguereñas que forman parte de la conocida familia de ‘Los Gaonas’. El cambio oficial de varas se produjo unas horas más tarde en la sede de la Hermandad ubicada en la plaza de la Iglesia, un emotivo momento que puso broche final a la centenaria peregrinación al Rocío, marcada este año por las bajas temperaturas.

Aún así, ni el frío, ni el viento, ni la lluvia han impedido a la familia rociera de la ciudad acudir al encuentro de la venerada imagen. 24 carros tradicionales, 13 enganches y charres, 25 tractores y 11 todoterrenos, además de cientos de caballistas y romeros a pie compusieron una comitiva que llevó hasta el Rocío el amor de Moguer hacia la Virgen de las Marismas, que vio un año más cómo la ciudad se postraba a sus pies, representado en los bueyes de la familia Cascarilla.

Camino de regreso

La Hermandad Filial del Rocío de Moguer emprendió el camino de regreso a casa el martes al mediodía, un camino ya más íntimo que se inició tras disfrutar el lunes de la multitudinaria procesión de la Blanca Paloma. Una de las últimas paradas de la Virgen fue precisamente en la casa hermandad de Moguer, situada a escasos metros de la ermita, donde mecida por sus costaleros recibió un año más el cariño y la devoción de un pueblo que vive con pasión su peregrinación a la aldea almonteña.

Los peregrinos moguereños, guiados por su Carretón centenario, llegaron el martes por la tarde a Pino Gordo, y vivieron en hermandad su última noche de camino exprimiendo todo lo bonito que ofrece esta experiencia y soñando con poder volver el año próximo.

 

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