EL ESTERO.
Hasta 2019.
[J. J. Conde]

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El Estero
Es lo suyo, caramba. ¿Usted cree que esta pobrecita ciudad nuestra de cada día puede quedarse huérfana de tan ilustre padre? Claro que no, porque es que entonces Huelva no sería Huelva. Como que le faltaría algo, algo importante sin duda. Vendría uno en el tren de la escoba a visitar los santos lugares que esta urbe tiene, y se encontraría de golpe y porrazo con que ya no está, que ya no ejerce “el señor de la Gran Vía”. Y a eso no hay derecho, ni izquierdo, desde luego. Que tengan en cuenta, que este pacense-onubense, defensor a muerte de “las cosas de Huelva”, y metido en su día en el pepé con calzador (a un servidor le hubiera gustado que siguiese como independiente y con formación propia) es como una seña de identidad más. Se habla de Huelva, e inevitablemente y por relación con la misma hay que hablar de Perico.

Es lo que tiene el “periquismo”. Y mira que se ha intentao, durante todos estos años y de múltiples y variadas maneras, contrarrestar el poder hipnótico que parece tener sobre los ciudadanos. Nada, oiga, continúa barriendo en las urnas. Y es que los opositores, francamente, han demostrado poseer hasta ahora menos fuerza que una gaseosa: un poeta que quería “pantallear” en verde toda la vereda que cubre la industria química instalada en Francisco Montenegro para que no se viera (?); una profesora desangelada y apática, cuyas virtudes no casaban con quienes aspiran a regir los asuntos públicos; una política que no logró conectar con el personal y en la que yo confiaba, pero que le faltó el tiempo, cuando se vio descolocada, para salir a toda prisa hacia Despeñaperros arriba… En fin, que uno tras otro fueron besando la lona del particular cuadrilátero en que ha convertido don Pedro a Huelva. Que del resto de formaciones, para qué hablar.

Y ahora me viene el edil mayor con lo de que se va a presentar a las municipales del 15… ¡Qué barbaridad tan bárbara! Y las volverá a ganar, seguro. Pues lo siento, queridos lectores, pero yo no puedo más, lo digo claramente. Sencillamente, arrojo la toalla. Este humilde escribidor, que creía que en esta metrópolis, milenaria y marinera, había huelvanos valientes y contemporáneos capaces de darle un vuelco definitivo a la vieja Onuba y colocarla para los restos en el pedestal que siempre le correspondió por su naturaleza privilegiada, comprueba, desde otra perspectiva y con el paso del tiempo, cómo un montón de viejas aspiraciones, reclamadas hasta la saciedad, son incapaces de materializarse en una necesaria y hermosa realidad. Así que, con las “peleítas” a las que aludió el amigo Chamizo, el desencuentro viciado de los políticos locales, el cada uno por su lado mientras las marismas chorrean impurezas por los cuatro costados, de momento, hasta 2019.

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