Bretón compró unos 250 litros de gasoil de una gasolinera de Huelva en las semanas previas a la desaparición de los niños

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Bretón atiende la declaración de uno de los testigos. (Madero Cubero)

Bretón atiende la declaración de uno de los testigos. (cordopolis.es)

La cuarta jornada del juicio contra José Bretón por el presunto asesinato de sus dos hijos ha tenido como principales protagonistas a tres trabajadores de la gasolinera de una cooperativa de Huelva, en la que, según han relatado, pudo comprar unos 250 litros de gasoil en las semanas previas a la desaparición de los dos niños, el 8 de octubre de 2011.

Uno de los empleados ha manifestado que accedió a que echara gasolina en la cooperativa porque Bretón se encontraba en paro, pero que se molestó cuando supo que había estado comprando gasoil en grandes cantidades llenado varios bidones.

Los empleados han declarado por vídeoconferencia y su testimonio es importante porque la acusación de la fiscalía da por sentado que Bretón compró el gasoil en grandes cantidades con la intención de utilizarlo para quemar a su hijos en el horno que montó con una mesa de hierro, en la finca de las Quemadillas, donde el Infoca tiene detectado un fuego y humo en las horas previas a que Bretón denunciara la desaparición de sus hijos.

También ha llamado la atención la declaración de un amigo de familia, que ha relatado algunas de las manías de Bretón y lo minucioso que era, de manera que no se sentaba en cualquier sitio sin antes colocar un trapo, o cómo tenía que quitarse los zapatos en la casa cuando lo visitaba. Sobre la relación con Ruth ha admitido que le gritó en algunas ocasiones y que había discusiones entre la pareja, aunque ha dicho que como cualquier otra pareja.

Sobre la desaparición de los niños se ha mostrado muy extrañado de que Bretón los hubiera perdido de vista porque, tal como ha relatado, él siempre estaba pendiente de ellos y nunca vio que los dejara separarse de su lado más de 15 ó 20 metros.

VI A BRETÓN EXCESIVAMENTE TRANQUILO

“Vi a José Bretón excesivamente tranquilo”. Un guardia civil, amigo del acusado de asesinar a Ruth y a José ha descrito esta mañana a un padre frío e indiferente ante el drama que estaba viviendo. lo que asegura que el cuñado “estaba atacado de los nervios”, a diferencia de los hermanos Bretón y del propio procesado. “¿Cómo es posible que se te hayan perdido a ti los niños, a ti precisamente?”, le inquirió el amigo a Bretón. “No lo sé. Se me han perdido en un descuido”, le respondió sin más en la finca de los Bretón tienen en Las Quemadillas. Era la noche del 8 de octubre de 2011, el mismo día en que Ruth y José de seis y dos años desaparecieron mientras estaban en compañía de su padre.

La policía sospecha que Bretón los asesinó como venganza contra su esposa y madre de los chiquillos, Ruth Ortiz, que acababa de anunciarle que se separaba de él- Los investigadores sospechan que Bretón envenenó a los dos hermanos con fármacos, luego incineró sus cuerpos en una gran hoguera que hizo en esa finca y trató de disimular el doble crimen denunciando la desaparición de los pequeños en un parque, en la otra punta de la ciudad.

El guardia civil, antiguo compañero de armas de Bretón durante su etapa en el Ejército, donde compartieron misión en Bosnia en 1993, describió al acusado como “una persona clasista”. El declarante recuerda su servicio en Mostar y cómo en una ocasión Bretón preguntó si “era necesario” ayudar a los refugiados de la guerra a transportar maletas”. en otro momento, relata cómo le molestó, durante la misma misión, que un cabo primero sorbiese la sopa. Bretón se molestó con él porque era “maniático”. “Pero so cabrón, deja de sorber la sopa”, asegura el guardia civil que Bretón le dijo al cabo primero, para definir el carácter del procesado.

Bretón logró cultivar la imagen que buscaba: la de un padre perfecto. Al menos, entre los padres de la guardería y el colegio de sus hijos. “Teníamos esa idea de Bretón, de padre perfecto”, ha contado una de las madres que ha comparecido en la cuarta sesión del el juicio.

La directora de la guardería de Huelva, que no ha podido soportar la mirada fija de Bretón y ha evitado verlo en todo momento, rompió a llorar cuando respondió a las preguntas del abogado defensor.

La directora defiende al pequeño José Bretón como un “niño feliz”. “Era un niño travieso como cualquiera de su edad. Estaba descubriendo el mundo, quería explorarlo”, explicó. Todos los responsables del centro educativo coincidieron en que el padre siempre llevó a su hijo en carrito. Bretón manifestó que lo hacía andando para justificar que cuando los perdió sus hijos iban andando y sueltos, a pesar de su corta edad.

Una de las madres del mismo centro donde iban los hijos de Bretón contó que en la fiesta de cumpleaños de la pequeña Ruth, su padre se se refería a su todavía esposa como “la hija de puta esa”, “podría jurarlo”, dice ella. La testigo describe a un Bretón muy machista, que decía que no es que aprobara la violencia pero que “casi la entendía”. La declarante describe una extensa conversación con Bretón, en la que le insistía en que quería alejar a los niños de la familia de Ruth, en la que había “desequilibrados”. La testigo asegura que Bretón estaba “muy enfadado”.

(Toda la información del juicio en www.cordopolis.es)

 

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