¿A Dubái en coche?

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Ambiente en un área de servicio en el sur de Francia. (Celia HK)

Ambiente en un área de servicio en el sur de Francia. (Celia HK)

(Texto: Rafael P. Unquiles) Que un andaluz, sobre todo si es joven y está bien preparado -nada de «ninis»-, tenga que emigrar a los Emiratos Árabes Unidos para ganarse la vida no sorprende a nadie. Al contrario, es lo habitual en una tierra donde las nuevas generaciones miran al futuro con desesperanza. Lo que sorprende -¿a Dubái en coche?, estás loco- es que alguien decida ir desde Andalucía al emergente Estado del Golfo Pérsico al frente de un volante. Demasiados kilómetros sobre ruedas -7.800- en los tiempos del Airbus 380 y de las líneas aéreas «low cost».

Lo lógico para la mayoría es subir a alguno de los muchos vuelos que proliferan estos días y que permiten viajar a Dubái, la renombrada ciudad de los Emiratos y máximo exponente del lujo y de los records, en sólo un rato desde Sevilla o Málaga y por un precio muy competitivo.

Esa es una opción, la que no sorprende a nadie. Pero quien la elige es probable que nunca llegue a a saber que para llegar desde Andalucía hasta ese punto de Oriente Medio hay que atravesar, además de España, una larga lista de países integrada por Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Serbia, Bulgaria, Turquía e Irán antes de adentrarse en un barco en el Estrecho de Ormuz, etapa final del trayecto.

La anterior ruta es la adecuada si se quiere evitar el polvorín de Siria y la inaccesible Arabia Saudí. Y también la más transitada en las décadas de los 60 y 70 cuando los hippies partían desde Londres en destartaladas furgonetas Volkswagen para protagonizar grandes viajes iniciáticos con rumbo a Asia Central en busca de aventuras, sexo, gurús y drogas.

Hoy muchos andaluces hacen ese mismo viaje, pero en avión y por razones bien diferentes: lograr un trabajo que les permita vivir. Nada de opio, marihuana y alcanzar el nirvana. Van con uno o varios títulos universitarios bajo el brazo dispuestos a aprovechar las oportunidades que les niega Andalucía.

Ejemplos hay de sobra. El malagueño Juan Fernández triunfa en Dubái como chef del restaurante Villa del hotel Jumeirah Beach, uno de los más emblemáticos de la ciudad; Marta Vega, sevillana, se encuentra al frente de un establecimiento de Naturhouse; el onubense Alejandro Rubín forma parte del personal de cabina de Flydubái; y el granadino Ulises Martín ha comenzado a trabajar hace tan sólo unos días en una empresa de construcción sueca que, entre otros proyectos, levanta varios hoteles de la cadena Radison en el Sultanato de Omán.

Ir por ruta terrestre tras la huella de estas personas puede sorprender, pero es una manera de conocer de cerca la realidad de un movimiento demográfico que, como tantas otras veces en el pasado, está provocado por motivaciones económicas y laborales.

La primera etapa es bien conocida. Hay que enfilar la A-49 de Huelva a Sevilla, continuar por la A-4 hasta superar Despeñaperros, girar a la derecha en Manzanares rumbo a Valencia y de ahí seguir la línea costera hasta Génova para a continuación, tras recorrer el norte de Italia, adentrarse en Eslovenia.

Un trayecto en el que a los andaluces no sorprenden los muchos baches que tiene la autovía de Sevilla a Córdoba; ni la gran cadena de áreas de servicio que ha terminado montando la empresa Los Abades; ni el elevado precio que puede alcanzar una Coca light si se acompaña de un supuesto bocata de jamón al borde de la AP-7; ni tampoco los enormes atascos que se producen en Montpellier coincidiendo con el inicio de las vacaciones.

Sí sorprende, en cambio, el escaso tráfico en las carreteras andaluzas y españolas en una noche de inicio de la operación salida de verano; que en los McDonalds de Francia no ofrezcan ni alitas de pollo ni hamburguesas de un euro; y, aún más, que todavía haya quien se acuerde de Plinio cuando pasa por Tomelloso.

Hasta ahora el camino ha discurrido por España, Francia e Italia, gran parte de la Europa de la crisis en estado puro. Pero lo que viene a continuación se presenta más duro, enigmático e incierto: los Balcanes, el territorio que ha sufrido la última guerra librada en Europa, una etapa cargada de sorpresas, encuentros y no exenta de obstáculos.

*Escrito por Rafael P. Unquiles en Tourettes, a unos kilómetros de Niza, en la madrugada del 30 de junio de 2013

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1 comentario

  1. Jose María Pérez de Ayala on

    Animo Rafael, el mejor de los viajes es siempre el proximo. En tu caso, la etapa mas gratificante es siempre la siguiente. Mucha suerte y un abrazo.

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