Universitarios, jóvenes y mayores del aula de la experiencia, arropan a Miguel Ríos en la presentación de su autobiografía

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Miguel Ríos, con su libro en las manos. (Espínola)

Miguel Ríos, con su libro en las manos. (Espínola)

Con un cálido y más que cariñoso aplauso, casi como quien dice adiós a alguien a quien se cree no volverá a ver, ha despedido el público que llenaba el salón de actos de la Facultad de Derecho a Miguel Ríos, que ha estado en Huelva para presentar su autobiografía ‘Cosas que siempre quise contarte’.

La vicerrectora y el cantante al inicio del acto. (Espínola)

La vicerrectora y el cantante al inicio del acto. (Espínola)

 

Miguel Ríos saluda al entrar en el salón de actos de la Facultad de Derecho. (Espínola)

Miguel Ríos saluda al entrar en el salón de actos de la Facultad de Derecho. (Espínola)

Si Miguel dejó los escenarios hace ya dos años, por el miedo a acabar siendo una caricatura de sí mismo, a que el público le diera la espalda, a que no fuera nadie a sus conciertos -tal como ha explicado- se equivocaba. El público que ha acudido a la cita que convocaba el ciclo de ‘Presencias Literarias’ de la UHU era de lo más heterogéneo, jóvenes universitarios y mayores del aula de la Experiencia se han sentado juntos para escuchar algunas de las anécdotas y de las vivencias de la larga trayectoria profesional de un Ríos que ha demostrado que se puede seguir ganando la vida ante el público… aunque sea de conferenciante de sí mismo.

Ingenioso, cercano, amable, agradecido. Así ha estado Miguel Ríos en su intervención y en las respuestas a las preguntas -grande la intervención de Serafín por Dios- que se le han realizado durante lo que ha sido al final un coloquio con algunos de los presentes.

EL LIBRO

La obra que ha presentado son casi 400 páginas y se le quedan cortas. A lo largo de 31 capítulos, Miguel Ríos (Granada, 1944) escribe en sus memorias Cosas que siempre quise contarte (Planeta, 2013) no sólo los muchos frutos recogidos a lo largo de medio siglo de trayectoria musical. Casi todo el que menciona recibe algún garrotazo: desde Luis del Olmo –que según él no sabe presentar conciertos- hasta Florentino Pérez, actual presidente del Real Madrid, quien no le dejó organizar en el Santiago Bernabéu un concierto contra la guerra de Irak. “Mientras él sea presidente, no volveré al Bernabéu”, dice.

Ríos, quien abandonó los escenarios hace dos años con un último recital en Guanajuato (México), lleva justo ese tiempo escribiendo una cítrica autobiografía de prosa chula y divertida en la que no escasean los juicios lapidarios, incluso contra los propios socialistas. A José Luis Rodríguez Zapatero se refiere como un “tipo cálido”, pero “sin talla política” y a los artistas españoles les dedica durísimas críticas. Se refiere a ellos como un grupo incapaz de defender sus derechos aunque les sodomicen con una IVA del 21%.

Sobre el episodio concreto del apoyo a la candidatura socialista, Ríos se desdice y justifica su desencanto, así: “Como siempre, había prestado mi nombre a la campaña socialista y asistí en un acto de apoyo de la ‘gente de la cultura’ a Zapatero en el Círculo de Bellas Artes. Pero, justo un año más tarde, el 29 de abril de 2005, muy cabreado con su falta de compromiso político para atajar el problema de la piratería, publiqué un artículo en El País: ‘A favor de la huelga de la música’”.

“Esta profesión no parece organizarse para la defensa de sus derechos, por mucho que la sodomicen con 21% de IVA”

Sobre el resto de los artistas, se despacha: “Lo mismo que hoy, el día que esto escribo, cuando otra reforma de la ley (Propiedad intelectual) paraliza a una profesión que no parece organizarse para la defensa de sus derechos, por mucho que la sodomicen con 21% de IVA”. A la SGAE la llama diabólica y a Teddy Bautista aunque no llega a dedicarle agrias palabras, le lanza unas puntillas políticas.

Cuenta, por supuesto, amores y desamores, triunfos y batacazos, la experiencia carcelaria, los viajes iniciáticos a Madrid, Barcelona, Canadá, Tokio, Estados Unidos, México o Venezuela, las peleas con los representantes, las disputas con los concejales ce cultura y los empresarios. A sus 70 años, dice, es mucho lo que ha visto.

“No había pueblo en España que no me quisiera llevar”

Refiriéndose su primer década de éxitos dice: “Televisión Española emitió un vídeo de un concierto y no había pueblo en España que no me quisiera llevar”, modestia aparte, emite Ríos largos y amargados gorgojeos. A pesar de lo que de él se ha dicho nunca ha cobrado ni un duro del Ministerio de Cultura, que la prensa es necia y que él, en resumen, nunca salió “ileso” de su éxito, escribe desde la casa de su madre en Granada, la misma que, dice él, con el dinero que ganó a comienzos de los años ochenta.

Se vanagloria Ríos de haber sido el primero en todo: el primer español en actuar en México, el primer rockero en recibir la Medalla de Oro al Mérito… Hay anécdotas divertidas, como un encuentro con el entonces vivos Manuel Lara, editor de Planeta, quien le manda a quitarse la peca que de tan mal humor ponía al empresario. A personajes como José María Aznar les concede también prolijas antipatías, no así con el rey Juan Carlos o la monarquía en general. Escrito con gusto y una sobredosis de citas que van desde Truman Capote hasta Luis García Montero.

 

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