DESDE MI VENTANA:
Cultura y costumbres eslavas.
[Aurelio Pino Domínguez]

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Aurelio Pino DomínguezEl mundo eslavo, ese gran desconocido para la mayoría de nosotros, poco a poco va dejando de serlo en Huelva. Gracias a una iniciativa con la creación del Centro Eslavo de la Universidad de Huelva, allá por el año 2007, siendo su Rector D. Francisco José Martínez y con la colaboración titánica e inestimable de D. Eloy Navarro Domínguez y la gran vocación de la profesora nativa Dª Tatiana Gritzai Bielova, todos los estudiante de la UHU y personas no vinculadas a la Universidad, tuvimos acceso a participar del Aula donde se imparte tanto el idioma ruso como la cultura rusa y eslavas, que tanto complementan y preparan para un mejor futuro laboral al alumnado onubense. Recuerdo con emoción cuando el Centro Ruso de Cooperación Internacional Cultural y Científica, dependiente directamente de la Embajada de Rusia en Madrid, nos impartió un simposio sobre: “De la URSS a Rusia, 20 años después” entre los días 12 al 14 de Abril de 2011, poniendo el broche de oro con su presencia y discurso el propio Excmo. Embajador, D. Alexander Kuznetsov. Hubo y hay muchos actos extra Aula, que siguen conformando día a día al alumnado asistente, a pesar de la carencia de medios que padece nuestra UHU, pero es que la Universidad no debe parar ante la adversidad. La figura “Del relevo” hoy es más patente que nunca y en eso estará el actual Rector. Diré como primera curiosidad, que la mentalidad eslava es mucho más parecida a la latina que la anglosajona, la germánica o la escandinava. Las reacciones ante las circunstancias nos son muy cercanas y para el mundo eslavo la figura de la familia es primordial, al igual que nos pasa a nosotros. La convivencia entre abuelos, hijos y nietos es algo consustancial al ruso y por lo general a los demás pueblos eslavos. El compartir las cosas y sobre todo, la buena mesa con los amigos es algo que aún permanece inalterable. Son gente festiva, que cuando se reunen, aunan sus voces y cantan sonoras y bellas canciones, acompañadas por instrumentos musicales donde resalta generalmente el acordeón y la balalaika (instrumento de cuerda cuya caja es de tipo triangular), incorporando otros, como son la guitarra y violín. Sus ropajes son muy vistosos y bien trabajados, luciendo vivos colores y calzando vistosas, buenas y flexibles botas. Pero no debemos pararnos en alguna estampa folklórica de las que hayamos visto in situ o por el cine o la televisión, pues en Rusia existen unos 8 usos horarios si no recuerdo mal, distancia que separa desde la frontera con Polonia hasta llegar a Vladibostok, ciudad asomada al Pacífico y cercana al estrecho de Bering. Es decir, que cada Estado de la Federación Rusa mantiene sus peculiaridades con sus usos, vestimentas y folklore. En fin, estamos comentando de una Nación, la Federación Rusa, cuya población cercana a los 300 millones, hablan el idioma ruso y que superadas las primeras dificultades de la desaparición de lo que fuera la URSS, al día de hoy es una gran potencia en lo referente a materias primas de primerísima importancia y necesidad, desde el gas natural y petróleo, pasando por oro, plata, cobre, uranio, etc. y en cuanto a la producción de madera de calidad, calculen todo lo que hay en Siberia, al día de hoy, reservas inacabables. Una curiosidad más nos surge cuando vemos por primera vez su escritura, con letras que no existen en las lenguas occidentales, con esas letras que nos parecen R escritas al revés, o un tipo de M, que está panza arriba, o unas N que se escriben al revés que las nuestras. La culpa de todo ello no la tuvieron precisamente los rusos, miren ustedes por donde, sino dos monjes griegos llamados Cirilo y Metodio, que fueron como misioneros a predicar el Cristianismo entre aquellos primitivos pueblos eslavos, que no tenían aún un alfabeto propio. Los caracteres de las letras rusas y otros pueblos eslavos se denominan “cirílicos” en honor de ese predicador por las estepas llamado Cirilo, adaptador de parte del alfabeto griego e introductor de nuevos caracteres para completar los fonemas eslavos.

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