EL ESTERO.
Calañas.
[J. J. Conde]

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[J. J. Conde]
El EsteroCalañas es la calle del Pozo, empedrada y el olor de la jara metiéndose hasta las entrañas. Calle de los juegos y de los sueños, en donde cada tarde de los veranos de todos los años formábamos una algarabía repleta de inocentes anhelos: la sonrisa socarrona de Juanito con su peinado de agua; el cante por fandangos de Andrés, el de las bestias; Andrea, tímida y acongojada cuando pasaba por delante nuestra con el cántaro puesto en jarras; Catalina, siempre sonrosada; las bolas, el pañuelo, el “chicharito la jaba”… La calle del Pozo, de colores embrujada.
Calañas es la casa de paredes encaladas, el pasillo de chinos blancos y el doblao de las encrucijadas. La ceremonia del café ante la fogata. Los gatos. La parra. La palmera, la adelfa y el hilillo de agua fría atravesando el patio de muralla a muralla. Los haces de leña amontonados junto a las lascas de pizarra. El estercolero. El cuarto de las gallinas de tejas desvencijadas. Tita Ana, tita Isabel, tito Luciano, tito Manuel y Lela. Y la sonrisa de Sánchez de todas las mañanas con su anuncio de ¿se puede? y su conversación animada.
Calañas es mi padre, sentado en el zaguán con su varita repelada y los pensamientos puestos quién sabe si en el Buenos Aires que Gardel cantaba.

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5 comentarios

  1. María García on

    ¿ Se puede, Señor Conde?, ¡que conciliador y entrañable solicitar permiso para entrar!, preciosa prosa poética, como dice el Señor Pozo es Usted un Mago…hablando de Magos, le regalo ese Villancico de Eugenio Dórs.

    – Dígame, Rey Mago,

    quién lo trajo aquí.

    – De mi torre pina,

    estrella que vi.

    – Y a ti, pastorcillo,

    ¿quién te lo anunciaba?

    – Por mis soledades,

    Un Ángel pasaba…

    Escribas cerraron

    puertas y ventanas.

    Huyen mercaderes

    de visiones vanas.

    Para calar pronto

    si viene el Señor,

    cuídate ser Mago

    si no eres Pastor.

    ¡Señor Conde nos promete Usted cada vez unos paseos más maravillosos, no podemos sucumbir a sus encantos!

    Un abrazo.

    • J. J. Conde on

      Tengo guardado en la memoria el recuerdo de cuando un servidor salía de campanillero, perfectamente ataviado, y con una cuchara y una botella de anís (vacía)como instrumentos. Gracias, María.

  2. Gonzalo Pozo on

    Sr. J.J. Conde: “Calañas”. Qué malas connotaciones tiene el singular de esa palabra, y sin embargo, llega usted, la “sufija” con una simple “s”, le añade una biográfica glosada historia, y ya, sin más, “Calañas”, como cuando los perros al agitarse se sacuden las pulgas, con su prodigiossa manera de combinar y ubicar cada vocablo en su destino exacto, “transforma” en mayorativa prosa poética lo que sonaba a peyorativo preámbulo.

    Aunque para usted sea tan innatamente fácil que ni siquiera se lo haya planteado, no piense que lo es para el resto de muchos otros mortales.

    En el contexto de su relato, calaña suena a lo mejor de las esencias de la mejor de las buenas crianzas.

    Gracias maestro, o -¿no sería más exacto decir?- gracias mago.

    Junto con mi admiración le ruego acepte este cordial saludo.

    Gonzalo Pozo Lepe

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