EL ESTERO.
Un caso clínico.
[J. J. Conde]

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[J. J. Conde]
El Estero
Este Manué es “un caso clínico”, que diría mi madre. Pues que le estoy hablando de la necesidad imperiosa que tiene esta ciudad nuestra de salir del marasmo en que se encuentra, para poder competir en igualdad con el resto de provincias andaluzas, y no se le ocurre otra cosa que envolverme de nuevo la cabeza con una retahíla de lamentos que a modo de teletipo me van taladrando el ánimo que yo traía, caramba. Que si los niños son los verdaderos “paganinis” de la masacre dictada sobre la población civil por el asesino que hay en Siria, que si Venezuela está en la encrucijada, que si vuelven a levantarse fronteras y vallas afiladas para taponar la libertad, que si se siguen admitiendo distintas “velocidades de desarrollo” en Europa y por tanto dónde está la unión, que si Corea del Norte usa al hambre para disuadir a la palabra, que si veremos cómo acaba el chorreo interminable de agua radiactiva en Fukushima, que si al tirano ruso se le ve la vena homófoba, que si la xenofobia se extiende como mancha de aceite por el planeta, que si la Naturaleza se rebela ante los latigazos continuos del homínido…

¡Hay que ver, Manué! Tranquilo, hombre, y vamos a echar un cigarrito de los de liá. ¿No ves que estas cosas no las podemos arreglar ni tú ni yo? ¿Cómo que no, marqués? Estas “cosas”, como tú dices, son auténticas puñaladas en el corazón de uno y se arreglan a base de juntar y juntar voluntades, hasta que la voluntad única doblegue a la sinrazón; que no termino de entender la condición con la que nacimos. ¿Qué clase de leche hemos mamao, marqués?… Bueno, amigo, no te pongas así. Ya sabemos que el ser humano no se distingue, precisamente, por su inteligencia. Y que dentro del reino de los animales, es el más peligroso, sin duda. Pero es que yo te quería hablar de lo nuestro, de lo que está pasando aquí, en este territorio de raíces marineras que se contentaría el pobre, por lo que se ve, con las cuatro migajas que hipotéticamente el Museo de América le diera; en vez de luchar –con la bandera del “todos a una”- porque ese museo y todas sus piezas se instalara en la provincia onubense, y que por exigir se exigiera que los restos de Colón fueran trasladados a la catedral de Huelva.

¡Anda, anda, Conde, que te has pasao, tío! Los restos de Colón, ¿será posible? ¿No sabes de sobra que en esta ciudad nada más que hay pringaos (que yo me meto, ¿eh?) y que los politiqueros que nos manejan tienen menos fuerza que una gaseosa? Ya te lo he dicho mil veces: unos, montando una metrópolis nueva con sus particulares foros; otros, en un permanente mutis por el foro y los edificios y calles en el abandono; los demás, de comparsa. Que da vergüenza comprobar, por lo que sueltan por esas boquitas, el desconocimiento tan grande que tienen los mendas sobre el mundo del ferrocarril, ahora que está en el candelero local el asunto. Que me gustaría saber a mí, cuántos de los que largan y largan han cogido por casualidad el tren desde Huelva a Zafra y comprobado in situ la realidad de la línea. Claro que, estos detalles de barrio son una minucia en comparación con los cuatro millones de personas que siguen viviendo en albergues provisionales y malnutridos, después de tres meses y medio de que el tifón “Yolanda” arrasara la isla de Leyte, en Filipinas. O si no… ¿Otra vez vamos a empezar, Manué, otra vez? Este Manué es un caso clínico.

(El Manué, sudando la gota flaca, se queda “pillao” en la observación del vuelo de una mosca. El Conde se levanta, se estira la corcova y con paso firme se dirige a la tienda de Baltasar)

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2 comentarios

  1. María García on

    ¡Gustosa estaré de tomarme un café con Usted Señor Conde, pero por favor, que no falte a la cita su entrañable amigo Manué!. Un artículo muy inteligente, porque la Inteligencia se cultiva poco a poco, generación a generación, no cae del Cielo. ¡Ay de la debilidad de las voluntades unidas a las Conveniencias y si encima es sin inteligencia…ya se sabe, fracaso absoluto!

    Un regalo, Señor Conde: ” El infinito viajar” de Claudio Magris.

    “El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel —tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte, recuerda Karl Rahner, gran teólogo del camino, cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte, como bien sabían Baudelaire o Gadda, pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere de la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.”

    https://www.youtube.com/watch?v=r3EvsLm-dcc

    ¡Dios mío, Señor Conde, nos tiene envenenados y adictos a sus artículos tanto como la ópera, esto no puede ser!…siempre esperando al siguiente movimiento literario suyo. Gracias.

    Saludos Afectuosos.
    ?

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