DESDE BARCELONA.
Las cuatro Ces de Cartaya.
[Jordi Querol]

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Afortunadamente, en la actualidad los urbanistas empezamos a coincidir en algunas cosas. Para mí la más significativa es que finalmente ya percibimos que la ciudad difusa, es decir, la que utiliza mucho territorio y genera zonas de muy baja densidad, no cumple definitivamente con los principios de sostenibilidad aceptados y consensuados en todas las reuniones internacionales al respecto. Por lo tanto, constatar que el urbanismo que iba fagocitando el territorio se va esfumando para retornar a la ciudad compacta de antaño (con costes energéticos mucho menores) es una fenomenal noticia. Aquí aparece pues la primera ce, la de “Compacidad”.
La segunda procede de “Complejidad”, o sea, barrios donde se instalan a la par familias con muchos hijos, jóvenes que viven solos, consultorios médicos, entidades comerciales, pequeños locales de reparación de calzado y duplicado de llaves… Un sinfín de vecinos muy diversos que provocan tejidos urbanos atrayentes y complejos. Se trata de sectores variopintos con usos múltiples.
La tercera proviene de la palabra “Cohesión”. Efectivamente, en los barrios compactos de Cartaya y otros muchos pueblos históricos podemos comprobar la existencia de una energía social especial. La diversidad está allí, gentes muy distintas pero con actividades y valores culturales comunes. Esta cohesión provoca un cúmulo de complicidades entre los ciudadanos. La palabra “Complicidad” es pues la portadora de la cuarta ce. El urbanismo de las cuatro ces es el que ya habíamos conocido en la mayoría de ciudades y pueblos de la edad media, todos ellos paradigmas de sostenibilidad.
La ciudad difusa, que muchas veces destroza el paisaje, además, es carísima: consume mucho suelo y mucha gasolina. La razón es obvia, muchas de sus partes no solo están alejadas de los centros de consumo, sino que también lo están entre sí. Para ir al trabajo, al Mercadona más cercano, o bien cuando se busca diversión, los residentes en las zonas difusas han de conducir durante varios kilómetros; al final, el gasto es brutal. Los habitantes de las inconfundibles viviendas en hilera comúnmente instaladas en las periferias de nuestros pueblos tienen culturas, coches e hipotecas muy similares, por lo tanto, en los territorios mencionados, la diversidad que fue la característica básica de la ciudad histórica brilla por su ausencia; allí no hay ni complicidad ni cohesión ni compacidad ni complejidad. Sin embargo, la blanca Cartaya no sólo tiene la fortuna de ser agraciada y estar muy bien comunicada sino que, además, también puede presumir de poseer las cuatro “Ces”.

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