EL ESTERO.
Un cambio de rumbo.
[J. J. Conde]

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[J. J. Conde]
El EsteroSí. Ya va siendo hora de que nuestra vieja Carabela haga virar su proa hacia destinos más halagüeños, hacia tierras más hermosas en donde el blanco y el azul puedan lucir con esplendor y categoría de primera. Que el cúmulo de telarañas que empobrece sus vergas se desvanezca y caiga a los pies de este muelle taciturno y una brisa, fresca y marinera, la envuelva engalanándola por doquiera. Que sus palos astillosos se desprendan de cubierta y se alcen otros troncos más enteros, más en la salvaguarda de tempestades ajenas, más en el soporte de nuestro propio fuero.

Sí. Ya va siendo hora de que nuestra vieja Carabela abandone el varadero en que se encuentra, el compartimento estanco provinciano que la mantiene atenazada y no la deja sobresalir allende nuestras fronteras. Que sus velas destartaladas se arrinconen en el maremágnum de los despropósitos y que lonas nuevas aten sus cabos con fuerza prestas a recibir los vientos de otras eras. Que la madera alburente que la recubre se descuelgue y se haga cenizas y un maderaje nuevo, de brillo reluciente, se adhiera definitivamente al esqueleto que la mantiene casi a duras penas entre el vaivén del ser o no ser.

Sí. Ya va siendo hora de que nuestra vieja Carabela se eche a la mar con brío, con el orgullo bien apretado de lo que antes ha sido y con la esperanza puesta en lo que puede llegar a ser… si un cambio de rumbo tuviera.

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2 comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo con ustes Sr. Conde. Pienso que en Huelva hacen falta nuevas políticas y nuevos políticos. Saludos

  2. María García on

    Por supuesto que necesita un Buen Cambio de Rumbo nuestra Carabela envejecida y esté acompañada de prósperos vientos. Lo blanco y el azul…no podemos pedir más…magníficos colores. Esperanzador artículo, Señor Conde, Gracias.

    https://www.youtube.com/watch?v=WYeDsa4Tw0c

    Un velero zarpa al alba mañana,
    para navegar en un mar de horrores,
    para beber todos los sinsabores,
    mas si no decae, si no se amilana,

    si arriba al puerto de una isla lejana,
    volverá cargado de licores,
    de especias, de aromas y de flores
    que derramará bajo mi ventana.

    Y al ver la dicha de algún marinero,
    yo me preguntaré: ¿ cuántas veces más,
    cuántas, romperé nuestros corazones?

    ¿Cuántos soles te engullirán, velero,
    cuántos días, vida, me dejarás,
    sin que me embarque entre tus polizones?

    Saludos.

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