Juan Fariña: La búsqueda del triunfo

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Juan Fari+¦a y Manuel Montero(Texto: Juan Fernando González Domínguez)   Con gran expectación esperábamos el pasado viernes la actuación de este joven cantaor onubense que en su día dejó el difícil arte de la muleta para dedicarse de lleno al flamenco, no por ello menos importante que el toreo.

Pasados unos meses de la puesta en el mercado de “Roete”, su primer trabajo discográfico, no le van mal las cosas puesto que ya tiene cerrados compromisos importantes dentro y fuera de España con motivo de la presentación de una obra del que rezuma una mezcla de aires caracoleros junto con la continua búsqueda de nuevas armonías a la que el maestro Morente nos tenía acostumbrados.

Sin dilaciones y apelando al sentido del estudio que desde el punto de vista flamenco ha llevado a cabo Fariña en su periodo de formación, elije La Zambra para la puesta en escena de su repertorio ante la atenta observación de socios y aficionados que se dieron cita en la peña flamenca de Huelva, que otro viernes más tuvo una entrada más que aceptable.

El juego con el contratiempo en el compás caracterizaron su versión de las Cantiñas en las que los silencios en el acompañamiento a la guitarra por Manuel Montero destacaron en el segundo cante que nos ofrecía el artista onubense. De Caí a la tierra de los verdiales para ofrecernos Malagueñas de Enrique El mellizo, Rondeña y un fandango de José Cepero, que mucho aficionados atribuyen erróneamente a Rengel, adaptado al compás del fandango abandolao, cerrando la primera parte con un palo de los llamados “obligados” por todo cantaor y buen aficionado que se precie de conocimientos: La Soleá. En este caso, Fariña apostó por los estilos trianeros, destacando la interpretación de la Soleá Apolá. En curioso que en casi todas las actuaciones de jóvenes cantaores ofrecidas por la peña flamenca en lo que va de ciclo, aparece Triana con una notoriedad importante en cuanto a este tipo de estilos de cante.

Abriría la segunda parte de su actuación con La Caña y el Polo, dos formas flamencas de cante que son de agradecer a los cantaores que deciden incluirlos en sus repertorios habituales y que deberían ser más estudiados por las nuevas generaciones por cuanto que tuvieron su importancia en las primeras etapas de la historia del flamenco.

La versión de la Granaina que nos trajo Fariña en su repertorio se nos antojó “Poco común ” o más bien “extraña”. No con ello queremos desmerecer las connotaciones que desde el punto de vista musical pueda tener, pero ahí si se nota la influencia en el legado que nos ha dejado el maestro del Sacromonte en esa búsqueda continua de las nuevas formas de hacer flamenco a las que hacíamos referencia en el encabezamiento de la crónica. Tientos y tangos con un abanico de estilos muy variado desde Jerez a Triana darían paso al cante que todos los artistas de nuestra tierra tienen, en nuestra opinión, la obligación de llevar en sus repertorios, sobre todo fuera de nuestras fronteras: El fandango de Huelva. En ese sentido y con un estribillo muy pegadizo al oído, Fariña nos ofreció entre otros los estilos de Santa Bárbara, Cabeza Rubias, La Conejilla y Valiente de Alosno, así como varios estilos de Antonio Rengel para finalizar con el conocido estribillo típico de Alosno: “Vente al Alosno niña…”. En definitiva, podríamos calificar de agradable al oído la variada actuación que Juan Fariña nos ofreció la noche del viernes en la que es considerada por muchos artistas y críticos como “la Capilla Sixtina” del flamenco en Huelva. Nuestros mejores deseos para Juan Fariña que embarca con decisión en la difícil travesía del flamenco para llevar a buen puerto todas sus aspiraciones, esperando supere las adversidades que en muchas ocasiones se presentan en “la mar flamenca”, alcanzando así las cotas artísticas deseadas por este joven cantaor del barrio de la Isla Chica.

 

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