EL LABERINTO.
¿Más Europa o más abstención?.
[Javier Berrio]

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Javier BerrioVeo, con sorpresa, el vídeo promocional para las elecciones europeas de uno de los partidos emergentes. Me pareció estar contemplando uno de los estimulantes spots de la UCD en las primeras elecciones, hace 37 años. Es más, el vídeo en cuestión osa hablar de rojos y azules, algo propio de los tiempos de la Segunda República. El golpe de Estado del dictador Franco interrumpió aquel proyecto hace 78 años. Como verán, quienes pretender promover la regeneración en España desde Bruselas, resultan un poco anticuados y han formado una lista con notables e hijas de notables, con lo que…, ¿Más Europa o más euroburócratas?

La cuestión es: ¿para qué más Europa? El proyecto europeo fue ilusionante e incluso necesario cuando el aislamiento de España era una realidad muy dura, hasta tal punto que en aquel momento nos vimos forzados a entrar en la OTAN. Pero el tiempo ha transcurrido y la UE nos ha obligado a arrancar olivos, desmantelar los altos hornos, acabar con los astilleros, una pesca más que precaria, etc, etc, etc, para convertirnos en un estado de servicios para los más afortunados estados del norte.

La UE resulta ser un club de adinerados encabezado por Alemania que nunca ha renunciado a su pangermanismo, y que
sostiene de forma importante la Unión porque le interesa el estatus quo actual. En cuanto a la moneda y en plena crisis, no hemos podido jugar con las ventajas de la depreciación-apreciación para hacer nuestros productos más vendibles. Por otro lado, la dirección que desde las instituciones europeas –Alemania y el resto de países más desarrollados del norte, el FMI y los llamados mercados-, se hace de la economía española es intolerable, por
cuanto supone el empobrecimiento de las clases medias y de los trabajadores. Esas políticas no permiten la creación de empleo puesto que no nos dejan crecer económicamente y prohíbe expresamente al gobierno invertir parte del dinero público en el estímulo a la creación de empleo. Esto supone vivir en lo que mi amigo y pensador Jesús Romero llama Estado de excepción, por cuanto supedita las políticas en el Estado español a acuerdos internacionales por encima de la constitución misma, lo que resulta a todas luces ilegal dado que la ley superior en España es esa Constitución.

Pero es más, votar en las elecciones europeas constituye un mal gesto con nosotros mismos porque seguimos enviando a más o menos inútiles a las instituciones del norte de Europa a no hacer nada, a ganar sueldos de otro planeta, con dietas de auténticos millonarios, mientras el conjunto de los ciudadanos –los llamados a votar para legitimarlos-, viven y padecen el estado de cosas al que nos han traído entre todos. Definitivamente, la abstención activa en estas elecciones es lo suyo y supone un acto tan democrático como el del voto. Con abstención activa quiero decir renuncia
meditada y asumida, no pereza o desinterés en la cosa pública. Sé que por baja que sea la participación, los eurodiputados resultarán elegidos, pero no con nuestra autentificación y ahí sí podremos decir que no nos representan y, en consecuencia, más Europa de la que ya hay, no, por favor.

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