DESDE BARCELONA.
Los otros.
[Jordi Querol]

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Este artículo nada tiene que ver con la película de Alejandro Amenábar. En ella, este excelente director juega con seres que están en uno y otro mundo, con muertos que lo saben y con muertos que ignoran que lo están. ‘Los otros’ de este artículo están definitivamente vivos: son los que me envían multitud de mensajes y, además, son adictos a sus teléfonos portátiles, hoy, convertidos, en verdaderos ordenadores (Internet, GPS, Cámara, Email, Mapas, Watsap…). Todos ellos (familiares, muchos conocidos, un sinfín de empresas y amigos) me remiten fotos, chistes y toda clase de chismes. Resumiendo, ‘los otros’ cada día me procuran una infinidad de correos. Involucrados en este nuevo y turbador panorama hay gentes muy diversas, sin embargo, los jóvenes son los más exagerados y, por lo tanto, a ellos va dirigido el resto del artículo.
Una gran mayoría de adolescentes se pasan una buena parte del día pulsando las teclas de sus móviles y, por la calle (cuando están en ello), te atropellan porque no te ven. Al igual que, en algunas de nuestras ciudades, ya lo hemos experimentado con los ciclistas, tendríamos que ir cavilando en diseñar carriles para los UM (usuarios-móvil). Perderíamos medio metro de acera pero evitaríamos algunas colisiones y, sin duda alguna, el presupuesto del proyecto (pintura, rótulos, pasos cebra, etc.) lo pagarían encantados Nokia, Samsung, Ericsson, Sony, Motorola, Alcatel…
Yo, cuando acudo a una reunión profesional, o bien, a una cena de amigos, desconecto el móvil o, simplemente, lo dejo en el coche. ‘Los otros’, compartiendo mesa en bares y restaurantes o en cualquier tipo de reunión continúan usándolo y, a veces, te hacen sentir incómodo. Entre ellos, esos jóvenes, se entienden perfectamente ya que están acostumbrados a vivir simultáneamente en esas dos dimensiones: la generada por los mensajes que reciben del exterior galáctico y la que acontece a tiempo real. Esta mixtura no les aturde y cuando hablan con sus compañeros solo pueden mirarlos de reojo ya que todos sus sentidos están concentrados en la pantalla.
Los portátiles o móviles (celulares en Latinoamérica) representan un gran adelanto tecnológico. Con su ayuda podemos remediar muchos conflictos. Una noche, regresando a Barcelona desde Andorra, con mucho frío y gran cantidad de nieve, de repente se nos averió el coche y gracias a este artilugio a los veinte minutos un técnico del RACC nos sacaba del apuro. Supongo que todo el mundo tiene alguna anécdota de este tipo.
Me imagino que los que viven con el dedo pegado al móvil simplemente quieren vivir más unidos a los demás y lo que pretenden es sentirse asistidos, dicho en pocas palabras, buscan la felicidad. Sin embargo, creo que ha surgido un problema que merece nuestra atención. ¡Pensemos!

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2 comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo con ‘celulares samsung’ cuando contundentemente asevera que las empresas de telefonía celular no tienen nada que ver, ni la culpa, del como y cuando algunos ciudadanos usan los móviles.
    El que no estemos de acuerdo en quién pagaría el hipotético e imaginario proyecto de carril UM de mi artículo no nos debe preocupar, la diversidad de opiniones nos enriquece a todos.

    “Desde Barcelona”, un saludo para ‘celulares samsung’

    Jordi Querol

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