EL DUENDE.
Nacionalidades históricas.
[Bernardo Romero]

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Bernardo RomeroComentaba un antiguo dirigente socialista hace unos días, que para ahorrar sería menester reducir en gastos administrativos, o burocráticos. Para ello planteaba anular o eliminar las autonomías a excepción de las históricas. Un leve repaso nos lleva a la conclusión de que, a excepción del País Vasco y Cataluña, todas las demás guardan un pasado histórico concreto y nítido, han sido antes estado en la Edad Moderna o reino en la Edad Media. Todas.
Como el hombre lo que pretendía es que fueran esas dos las que se quedaran con la exclusividad del autogobierno, que no saben lo que hacer para decir una cosa diciendo la contraria, pues debería comprarse un prontuario de Historia de España para cerciorarse de que por ese camino, mal andan. Él, que como político tiene excusa, pues la ignorancia la lleva implícita, como las autonomías vasca y catalana, dos regiones españolas que nunca, pero nunca, han sido ni estado ni reino ni nada que se le parezca.
El hecho diferencial de estas dos regiones es bien simple. En el caso vasco, el hierro y las acerías, más la pérdida del monopolio ferroviario en España empujó a su pujante burguesía a impulsar un movimiento político que recuperara los fueros medievales y con ellos las políticas fiscales, que era más bien por donde les dolía a las criaturas. En el caso catalán, la historia esta viene de muy atrás y es radicalmente distinta a cómo nos lo venden. Recuerden lo de la Diada, lo del 11 de septiembre, pues bien, conmemoran el bombardeo por parte de las tropas del aspirante Borbón al trono de España de la ciudad condal, el cual acabó con la defensa a ultranza de un candidato ya para entonces ausente y ocupado en otros negocios -el imperio- y de un sistema de privilegios que era heredero de los malos usos y otros feos asuntos medievales con los que el rey don Fernando, de Aragón, se ve que no pudo acabar en su día.
Festejan unos el ansia de volver a un pasado medieval como otros festejan el mal día en que el reino de España decidía comprar acero para sus vías al mejor precio y no de forma obligado el de las acerías vascas. Quieren festejar ahora la consecución de algo que nunca fueron, un estado o un reino, un país independiente al fin y al cabo. Lástima de vascos, lástima de catalanes, que quieren ser lo que no fueron, a destiempo y a contrapié.
Este hartazgo de la independencia vasca y el separatismo catalán, esta miserabilización de la política española, plagada de banderías, no puede conducirnos a la complacencia, como en las últimas décadas ha ocurrido. De aquellas vías para la autonomía, del 151 y el 143, se ha llegado a este estado de cosas que entonces se presentía. Estos no pararán, se pensaba entonces en voz baja, y así ha sido. No han parado. El resultado es un autogobierno como no han tenido nunca antes en la historia, un autogobierno como no tienen países de tradición federal como la mismísima Alemania, donde los landers no tienen tanta independencia como las autonomías vasca o catalana, y ello a pesar de ser sujetos de derecho internacional originarios con personalidad estatal propia. Los landers o estados alemanes no tienen representación internacional, ni oficinas como tienen vascos y catalanes en no pocos países, interfiriendo en las relaciones internacionales del estado español, ni tienen policía propia, ni tantos y tantos privilegios como tienen estas autonomías. Lo que sí tienen es Historia, y ganas de ser un único estado, Alemania, también.
Fue un alemán, Otto von Bismarck, quien sostenía que España era una nación con continuas tentaciones suicidas. Puede que no lleguemos a tanto, pero con una guerra civil se inició la andadura de este estado español con quinientos años de historia, el más antiguo de la vieja Europa. Con una guerra civil entre trastámaras en la que vencieron los que no tenían que haber vencido. De ahí que en lugar de resultar una Unión de Estados que enlazara a los dos reinos más potentes y saneados económicamente, Portugal y Castilla, resultó la unión de esta última con Aragón, un estado débil, fragmentado y pobre, que impidió la unidad total de la península. De aquellos polvos, estos lodos.
Ahora, en pleno proceso de unidad europea, no quedan más que dos salidas al conflicto vasco y a la cuestión catalana, la anulación de estas dos autonomías. Reformar la Constitución española para redefinir el modelo administrativo y evitar tanto conflicto y tanto desorden que ningún bien traen a los españoles. Autonomías, ninguna. Ni las históricas ni las que como el País Vasco o Cataluña más que historias lo que tienen es cuentos.

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1 comentario

  1. Cinta Zambrano Ruiz on

    Más claro es imposible. Hoy mismo ya le han vuelto a decir a Mas y a sus acompañantes en esta desventura del independentismo, desde Bruselas, que en caso de una escisión territorial del solar hispano, que tururú. ¡Vamos, que se quedan fuera!. Pero como Mas y sus coleguillas, además de mentirosos, juegan con el miedo de los catalanes, les dicen que no, que su salida de España no justifica su expulsión de la UE. Para moverse de Cataluña, los catalanes, necesitarán pasaporte y sus mercancías, si es que se compran en Europa, incluida España, necesitarán pagar aranceles en las aduanas (y sin IVA), con lo que se les va al traste su tenderete de el “que nos manden más dinero de Madrid” que nos cuestan muy caras nuestras emisoras y nuestras embajadas.

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