‘El burrito feliz’ llena de ilusión un centro escolar en Gibraleón

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DSC04254Por fin llegó la mañana largamente esperada por los pequeños del centro escolar “Aurora Moreno” de la localidad de Gibraleón.

DSC04274La dirección, personal y voluntarios de este colegio coordinaron con la Asociación “El Burrito Feliz” la realización de una actividad de homenaje a Juan Ramón y su burrito Platero en el año de su centenario.

El acontecimiento estaba a punto de comenzar y en el patio vacio del colegio un joven vestido con la austeridad propia del Premio Nobel preparaba su trasformación.

Lo primero es caracterizarse perfectamente y para eso Jonathan emplea unos 30 minutos donde lo principal es que la barba pintada le quede bien.

 

-Represento a un hombre cuya figura fue eclipsada por lo que representó en su propia obra literaria- comenta mientras el maquillaje comienza a obrar el milagro de la transformación.

 

Mientras tanto el burro “Platero” está llegando al centro escolar en un transporte fletado desde el centro neurálgico, que a unos 60 kilómetros de distancia, la Asociación “El Burrito Feliz” y el Ayuntamiento de Hinojos, también en la provincia de Huelva, gestionan de forma conjunta en un esfuerzo del consistorio y de los naturalistas para dinamizar la zona del entorno de Doñana con cualquier actividad que, gracias a los burritos, pueda servir a este fin.

 

Tranquilamente el burrito baja del transporte y se encuentra con su “Juan Ramón” que ya está perfectamente caracterizado.

 

Ahora Jonathan se dedica metódicamente a trocear zanahorias recién compradas en un centro comercial cercano al colegio para que los pequeños puedan sentir la ilusión de alimentar al simpático animal.

 

-Este burrito que usamos es muy noble y sensible, cariñoso y suave.- añade mientras le anticipa algún pedazo de golosina que “Platero” acepta sin dudar.

 

Ahora a esperar el momento mágico en que cerca de medio millar de niños y niñas del centro irán abandonando sus aulas para, de forma organizada y por grupos, realizar la actividad de un cuentacuentos, la alimentación de “Platero” y el poder tocar e incluso montarse en el paciente animal.

 

Y ese momento no tarda mucho en producirse: primero los más pequeñines que al doblar la esquina que da al patio de actividades del centro escolar y encontrarse con un Juan Ramón de carne y hueso y un burrito peludo no pueden reprimir la emoción lanzando agudos chillidos de satisfacción.

 

En un primer momento Jonathan se presenta y luego tras una serie de actividades y cuentacuentos invita a los escolares a interactuar con el burro.

Así una y otra vez hasta cuatrocientas veces. Porque son cuatrocientos los pequeñuelos a los que hoy atiende. Este esfuerzo puede parecer agotador pero no lo es para este enérgico joven de enorme corazón.

 

-A los pequeños les digo que soy Juan Ramón pero a los más mayores les confieso que hago una representación en este año de Platero-.

 

Reconoce que le ha sorprendido el éxito de aceptación de esta mañana en Gibraleon: -Uno se espera algo bueno porque la actividad se hace con mucha ilusión, pero reconozco que no esperaba este enorme éxito-

 

Su ilusión es que de este día los escolares se lleven un recuerdo de tocar el burrito, de sentirlo. Sobre todo los más pequeñuelos.

Y esa ilusión es su mejor y único pago porque tanto Jonathan como la Asociación “El burrito Feliz” no cobran ni reciben nada de las administraciones por este esfuerzo.

 

-De todas formas si tenemos pensado en próximas actividades solicitar a los centro que al menos apoyen un poco en el pago del transportista del animal y el vehículo que hay que contratar aparte porque nuestros recursos son muy limitados y no podremos hacer frente a ese gasto de forma muy prolongada-Comenta el encargado de la Asociación que también ha acudido a Gibraleon para supervisar la actividad.

Actividad que ha servido de antesala a la celebración del día del libro que se lleva a cabo en el mes de abril.

 

La mañana va transcurriendo y los escolares vuelven a sus clases inquietos por si el burrito “Platero” aun estará en el patio cuando acaben la jornada.

Una de las colegialas antes de irse realiza una pregunta comprometida a nuestros amigos:

-¿Pero platero no se murió hace mas de cien años? ¿Entonces que hace aquí?

-Si lees el final del libro podrás creer que los burritos van a un cielo especial para ellos y de ese cielo bajan para que nunca podáis olvidar la bondad y alegría de “Platero”- se le contesta.

La pequeña se aleja sonriente y creemos que algo convencida.

 

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