EL LABERINTO.
Andalucía…, por defecto.
[Javier Berrio]

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Javier BerrioEs admirable la situación de Andalucía. Admirable en el sentido de que uno se asombra porque no comprende, no llega a entender. Más de treinta años de gobierno socialista no son casualidad. El trabajo realizado por el PSOE para apropiarse de los símbolos andaluces y por la idea andalucista dio perfecto resultado en la masa pública. Los errores PSA o PA son sobradamente conocidos, así que para qué seguir ahondando en la llaga.
Andalucía vota socialista por defecto. Lo que se ha demostrado en todos los procesos electorales desde la última restauración es que el país no está por aceptar un gobierno liberal-conservador. Por las razones que fuere -históricas hay muchas y el colectivo no olvida-, el PP tiene un problema genético para ser incorporado por el electorado. Cuando en las pasadas elecciones andaluzas el partido de Rajoy y Javier Arenas no consiguió la mayoría absoluta en Andalucía con todos los vientos a su favor, quedó demostrado que difícilmente llegará alguna vez a gobernar en Andalucía a no ser en coalición con otro partido que en el futuro pueda incorporarse al parlamento andaluz.
Así pues, aquellos que quieren un cambio real en Andalucía, necesitan un partido nuevo ocupando el espacio del andalucismo orgánicamente fenecido. No diré que en el PA no pueda haber personalidades salvables -Pilar Távora es un ejemplo de compromiso con la tierra- y parte de sus bases también, pero el nacionalismo -no regionalismo acomplejado-, está por nacer y en parte, renacer en Andalucía. Nacionalismo que abra Andalucía al mundo real, a Europa y a todo el orbe, y no el arrincone en las tradiciones como tabla de salvación. Hablo de nacionalismo intelectual, ideológico, capaz de dar a Andalucía un fin en sí misma pero además de sí misma. Nosotros, hijos de repobladores, de conquistadores, hemos de tener en cuenta todos los sustratos que han pasado por el país y que lo han convertido en este ente territorial diferenciado en la península y en el mundo. Nosotros, descendientes de los que tomaron la tierra, no somos aquéllos porque todos los sustratos a los que me refería arriba más lo que quedaba aquí a pesar de las expulsiones-, nos han convertido en otra cosa, una personalidad inigualable en el conjunto de las naciones.
No hablo de independencia andaluza, pero sí del máximo reconocimiento institucional y de la reconducción económica, productiva, de desarrollo redistributivo entre las provincias o las comarcas;, Reconducción formativa y social de una comunidad que, como he escrito y dicho en tantas ocasiones, no quiere hacerse cargo de sí misma ni de sus enormes posibilidades. La ausencia de ese movimiento hecho partido -quizás en principio cosa de notables-, hace que por defecto Andalucía vote PSOE y viva atada al subdesarrollo que en todos los niveles representan las organizaciones estatales. Ésas se deben a una estructura superior fuera de aquí, lejos de nuestra auténtica tierra.

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