VENTANA DEL AIRE.
De entrada, el verano.
[Juan Andivia]

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Hubo un tiempo en que preparaba casi solemnemente las vacaciones. Llamaba a mis amigos e, incluso, me despedía. Creía que iba a hacer algo distinto, desconectar, terminar aquel proyecto, adelgazar, hacer deporte, comer mejor, ir cada tarde a encontrarme con el abuelo sol, escribir mucho, leer mucho y vivir mucho. Al final, se me quedaban las ilusiones en los huesos y me conformaba con acabar sano, que no es poca cosa.

Así que ahora hablaré únicamente de lo que he visto, que ya se sabe que primero se dice una cosa y, después, se hace lo que se cree que hay que hacer o lo que nos dejan: hablaré de caravanas, incendios e inundaciones, de falta de luces para apagar los apagones, de aparcacoches que rivalizan en despropósitos, de taxistas que desconectan el aire acondicionado y de listillos que cobran los atardeceres en los chiringuitos de sus playas: Localizados, cíclicos e impunes. Y también de atajos imposibles, veranos de toldos y de evidencia, porque la ley de la gravedad no engaña.

Hablo de lo que he visto, porque lo que se sabe interesa solo a quienes no te conocen, que aquí se rivaliza hasta en el dolor. No basta con el traje de baño, o los triunfos de los hijos sino que, en las conversaciones de facebook, la arena o el pantalón corto, aparece cuánto se ha viajado, dónde se ha ido o se irá y el tratamiento del otoño.

Por eso, de entrada, ya no preparo mis vacaciones sino que, como los gobernantes, espero la improvisación previsible, los accidentes, algún asesinato (cuánto lo sentiría), alguna oleada de inmigrantes, alguna vulneración de la ley de costas y de la antitabaco, abusos en los precios, adolescentes en coma etílico, con sus tiendas responsables, sus amigos responsables, sus supuestos vigilantes responsables, algún gorilazo discotequero, la vulneración del espacio vital en las sombrillas, los juegos de pelota prohibidos en las playas: Localizados, cíclicos e impunes. Y menos mal que la selección de fútbol ha tenido piedad de gran parte de la población, que ya tocaba, y nos ha devuelto el mes de julio.

Dejaré pues que las horas fluyan y me devoren, que ya habrá tiempo de actuar de otra manera. De entrada, el verano y para acertar, será mejor no proponerse nada y como reto, casi imposible, moderar o apagar el teléfono móvil.

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