VENTANA DEL AIRE.
Generalizaciones.
[Juan Andivia]

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Lo he dicho muchas veces: Todas las generalizaciones son falsas. Incluso esta. Y aunque la frase no sea mía y me disguste que se me hayan adelantado, la asumo como tantas cosas ajenas, libros escritos, acciones, intenciones y sueños. Pero así vivimos, usamos palabras e ideas impropias, como piezas de desguace, para construir nuestro vocabulario y nuestra ideología y, no por esto somos imitadores ni plagiamos nada, sino que aceptamos las reglas de un juego en el que está permitido apoyarse en los demás para seguir adelante.

Estos otros son los creadores de todas las áreas, a los que les debemos el progreso y las maneras de expresarnos, a los que les pertenece el honor de la invención, el descubrimiento o la formulación primera. Ya lo decía G. Papini en Gog, “Nada es mío”. Y así, no deben entenderse las generalizaciones como tales si no hay una mención explícita de su ámbito. Es decir, en la frase “los hombres son más torpes que las mujeres”, no se incluye a Eistein; y en “el pueblo siempre lleva la razón” no cuenta con las leyes electorales, hechas por políticos consensuados que sí se equivocan (por ser benévolos).

En mi antigua colaboración “Gente con perro”, en un diario de papel de mayor difusión, hace varios años, alguien entendió que mis afirmaciones se referían a la totalidad y, por lo visto, la hizo circular por la red para que se me replicara severamente y me llamaran de todo, desde insensible, a mal contribuyente. Quedé muy agradecido; pero insisto públicamente en que los enunciados tienen muchos matices y que si yo no supiera que en todos lados hay gente que hace las cosas bien y otra que las hace mal, me tropezaría con una o con otra cada vez que manifiesto una opinión. Pero ya se sabe que hay temas más sensibles que otros y colectivos que se ven más fácilmente atacados.
La ocasión sirvió para que comprobara que quien tiene un perro en su casa es capaz, al generalizar, de confundirse con la especie que tiene a su cargo. Y yo que creía que ocurría al contrario.

Hoy, en plena celebración del descubrimiento de las américas, colombino exiliado, pude comprobar, en mi larga estancia en México, que en esas tierras de ultramar (según se mire, claro) hay todavía quienes creen que fui yo mismo, o usted, quienes nos amancebamos con la mismísima Malinche y siento lástima de no pertenecer a ningún otro gremio que el de los seres humanos, al menos que yo sepa.

Sobre todo para poder sentirme afectado, de vez en vez, cuando se generalice.

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