DESDE BARCELONA.
El CAE y sus grupos de trabajo.
[Jordi Querol]

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Los arquitectos españoles, a través del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), somos miembros del Consejo de Arquitectos Europeo (CAE). Los arquitectos de los otros 27 países que, junto a España, forman hoy la Unión Europea hacen lo mismo. Esto quiere decir que el CAE es una organización que representa alrededor de 500.000 arquitectos europeos. Colaboré con el CAE durante varios años, y he sido testigo directo de su ampliación. Cuando España entró en la Comunidad (año 1986), éramos doce países (Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Portugal y Reino Unido); después entraron Austria, Suecia y Finlandia, o sea, que pasamos a ser quince. Con el tiempo, se fueron sumando muchos más países y, tras la adhesión de Croacia (el 1 de julio de 2013), la Unión pasó a tener los 28 países miembros con que cuenta en la actualidad; una señora comunidad.

Referente a la actual dimensión del CAE, yo no tengo nada en contra; sin embargo, creo que, al igual que una familia o una empresa, su conducta tendría que adaptarse al parámetro dimensional de lo que gobierna. Hoy, con más de treinta y dos organizaciones colegiales en su seno, el CAE debería supervisar su modo de actuar. Antes, cuando éramos quince, los asuntos a tratar eran muy distintos y nos conocíamos todos. Ahora, todo ha cambiado. Desde el año 1990 en Treviso (fecha de su fundación) han pasado muchas cosas, y los resbalones que sin querer hemos cometido se ven con perspectiva. Hoy es bueno analizar con serenidad los errores mencionados y recapacitar sobre ellos.
El grosor del papeleo que produce el CAE es aturdidor, y algunos de los temas que allí se tratan no complacen a todo el mundo. El objetivo central del CAE tendría que radicar fundamentalmente en la promoción de la arquitectura. El objetivo primordial y básico del CAE debe ser ese: demostrar de una vez por todas que las creaciones arquitectónicas y su inserción armoniosa en el paisaje europeo revisten un interés público, por lo tanto, el nivel de formación de los responsables de las mismas (los arquitectos europeos), así como sus atribuciones son asuntos primordiales.

Este objetivo esencial, el del interés público de la arquitectura, se tendría que lograr a través de acciones diversas. La primera, un esmerado y continuo ‘lobby político’ influyendo sobre los políticos europeos para que entiendan su significado e importancia (contactos con los dirigentes de la Comisión, reuniones con altos cargos europeos, conferencias, publicaciones,…); la segunda, buscar contactos permanentes con otras instituciones para intercambiar información y no repetir esfuerzos y, la tercera, intentar que los profesionales que representen a sus respectivos países en el seno del CAE sean arquitectos en activo, es decir, profesionales familiarizados con la realidad. Un CAE con jubilados, ex funcionarios y arquitectos que se eternizan en sus cargos y que tienen ganas de hacer turismo a través de los grupos de trabajo (en inglés ‘working groups’) es un Consejo de Arquitectos Europeos baladí que no va hacia ningún lado, o sea, un CAE caro e innecesario.

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2 comentarios

  1. Juan Antonio Millan Jaldon on

    Comparto tu opinio ya que todos los Consejos son validos si toman como base la realidad y la eficiencia, es actvo estimula la participacion Juancartaya

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