Dos orejas para Andrés Romero en su debut en Alfaro

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Andr+®s Romero en Alfaro01 Andr+®s Romero en Alfaro02 Andr+®s Romero en Alfaro04 Andr+®s Romero en Alfaro06Suele pasar cuando uno sabe que cada tarde no es una más sino la única tarde que se tiene en ese momento por delante. Suele pasar cuando uno es consciente de que en el toro cada día se gana y cada día se pierde. Suele pasar cuando uno tiene muy claro qué es lo que quiere y cuál es el camino para llegar a ello. Suele pasar cuando uno no está dispuesto a que los elementos decidan por él: cada hombre es dueño de su propia suerte, de su propia obra y de su propia vida. Andrés Romero no ha reparado en si Alfaro es plaza de élite, de clase media o la de un pueblo, simplemente, ha tenido la disposición de quien lo da todo porque no sabe hacerlo de otra manera. Pero darlo todo no siempre es sinónimo de raza, de entrega y de pelea, que también, sino, sobre todo, de sacar fuera lo que uno lleva dentro, lo que va esculpiendo día a día desde hace años, lo que va buscando y va encontrando. Cuando uno hace honor a los carteles donde lo anuncian. Cuando demuestra que lo que se tiene y lo que se va teniendo es de titularidad particular porque lleva consigo el certificado de la justicia.

Alfaro, una plaza festiva pero sabia y sensible, de charanga sí, pero también de siseos que piden silencio ante los momentos de la verdad, ha sido testigo este viernes de un Andrés Romero grande. Grande porque le ha sacado varios palmos a lo deslucido, desrazado y rajado de su lote. Dos toros de Gallón de pobre condición, muy a contraestilo para hacer el toreo a caballo bueno. Si acaso, más noble el primero, aunque desentendido siempre del envite, huidizo, soso. El segundo, rajado desde que Perseo le esperó a portagayola y le transmitió que su torero iba a por todas. Apenas le aguantó media carrera a Romero y buscó el terreno de la retarguadia. Aún así, por encima de eso, Andrés ha estado grande en Alfaro. Porque ya le ovacionaron de salida ante su primer enemigo al parar al de Gallón con Carbón en un puro ejercicio de pulso y temple, todo en los medios, con el cuatreño embebido en los vuelos del galope lento del caballo. Grande porque impregnó las suertes en banderillas de mucha pureza a lomos de un Conquistador en estado de gracia. Porque ligó dos cortas en el palmo de terreno imposible que se empeñaba en negarle el toro y porque mató con Chamán de un rejonezo entero que lo tumbó con susto… Con susto, porque con la rabia de lo de Huesca ardiéndole en su amor propio, el jinete onubense echó pie a tierra para descararse ante el toro y éste le respondió con un cabezazo seco que le alcanzó la cara y que le provocó una brecha en la nariz neutralizada en la enfermería con cuatro puntos de sutura. Sólo eso, el susto de la gente, impidió que se le pidiera con más fuerza la segunda oreja. La plaza respiró aliviada cuando Andrés salió por su propio pie de la enfermería a recoger el premio.

Así las cosas, lo del segundo tuvo que ser otro ejercicio de superación. Superación del dolor, del cabreo, de la rabia y de la suerte en contra. Encima, aumentada ésta con un segundo ejemplar del lote más vacío todavía que el primero. Ya queda dicho que apenas le aguantó media carrera a Perseo con el que el rejoneador de Escacena del Campo se fue a esperarlo a portagayola. El de Gallón volvió grupas de inmediato camino de su mansedumbre. A partir de ahí, todo fue el empeño a más de Romero por imponerse y ganar. Aliados fundamentales fueron un Cheke en franca progresión y un Cantú inspirado, en un excelente momento, de gran conexión con el tendido por su formar de lucir los cites y el ajuste y la verdad que le pone a los embroques ante toros, como éste segundo, tan parados. Mucho tuvo que exponer también Andrés con las cortas con que cerró un tercio a más. No pudo haber ligazón porque, tras cada farpa, el torero tenía que hacer de lidiador y sacar al toro de su defensa. Pero las tres quedaron arriba y en un puño y, otra vez, todo dispuesto para el remate final. Un rejonazo que precisó de dos descabellos, pero, aún así, el tendido pidió con fuerza la oreja que abría la puerta grande de Alfaro para el jinete de Huelva y hacía justicia en una tarde que ha constatado que no hay enemigo más pequeño ni más grande, sino, por encima de todo, la voluntad de un hombre decidiendo cuál es su propia suerte.

Ficha del Festejo

Plaza de toros de Alfaro (La Rioja). Dos tercios de plaza. Se lidian toros de Gallón (entre ellos, los dos del lote de Andrés Romero) y de Rosa Rodríguez.

Pablo Hermoso de Mendoza: dos orejas y oreja.
Roberto Armendáriz: oreja y dos orejas.
Andrés Romero: oreja y oreja.

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