TERETES.
Jefe de gabinete.
[Paco Velasco]

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TeretesLa tela de araña del PSOE se ha mostrado especialmente coriácea en las comarcas interiores de la provincia onubense. Los avances populares han sido evidentes pero la fortaleza del aparato izquierdoso se mantiene casi intacta. La dirigencia psoecialista se enroca en su lema de izquierditas al tiempo que se apoya en el tonto útil de los mandamases de IU. Sin embargo, de nada serviría el pacto partidista de no disponerse del poder municipal y, sobre todo, del mando en la Diputación. Es la Administración la que, en definitiva, pulsa las teclas electorales hasta conseguir la reedición de sus victorias.

La Diputación de Huelva está cubierta, hasta las cejas, de escándalos ignominiosos protagonizados por altos cargos políticos del Partido Socialista. Sin remontarnos mucho, baste recordar el negociete del Hotel París, de la mano de la impar Doña Petronila. La lista, extensa, se completa hoy con un nuevo nombre, el del señor Fernández, jefe de Gabinete de Presidencia –léase Caraballo- del ente supramunicipal, antiguo concejal de la no menos singular Manuela Parralo y empresario coyuntural cuando la excandidata a la alcaldía de Huelva fracasó estrepitosamente en su asalto al primer edilato del consistorio que le ganó Pedro Rodríguez.

Pues sí, el señor Fernández, psoecialista de pro, ha entrado de lleno en la agenda negra del periodismo de investigación. Relata El Mundo que don José Fernández se benefició directamente de las subvenciones por cursos de formación otorgadas por la Junta de Andalucía. Poco tiempo después del descalabro electoral de Parralo, este destacado miembro del Psoe andaluz, actual secretario de Agricultura de su Ejecutiva regional, se metió en labores empresariales y pasó a administrar una sociedad limitada -Multiservicios y Limpiezas Doñana- que, oh casualidad/causalidad, obtuvo contratos para limpiar las sedes de las delegaciones provinciales de las consejerías de Obras Públicas y Vivienda y de Salud de la Junta, que sí de la Junta del Psoe, en Huelva.

Hasta ahí, casi se entra de lleno en la normalidad formal de los concursos y contrataciones. Lo que pasa es que la mentira tiene las patas muy largas, insisto en lo de muy largas, y de cuando en cuando, algún intrépido reportero de la prensa logra pisar las pezuñas de barro del animal del embuste. El pisotón provocó ayes de dolor y el grito avivó el conducto de procedencia. La empresita de don Fernández, queda demostrado, se aprovechó de algún criterio “sui generis” para ser exonerada de justificaciones y controles. Lo cierto es que el ínclito personaje optó por vender la sociedad y volverse a las tranquilas, acaso turbias, aguas de la política institucional. Bueno, y si nada tiene que ocultar, por qué no muestra las cuentas y demuestra que la exoneración le resbala. No será así.

Y si Antonia Ruiz, parlamentaria andaluza del PP por Málaga, también figura en el listado de las polémicas exoneraciones opacas -no se llegaron a publicar nunca en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía- aprobadas por el ex consejero de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo, Antonio Ávila, en diciembre de 2012, pues hala, a dar explicaciones como debe.

El carajal psoecialista en las instituciones no viene por lo de caos organizativo. Viene de que la avaricia rompe el saco. Viene de que los jefazos de la inmundicia son maestros en la ciencia de la apariencia de escaparate y catedráticos en el arte de hacer desaparecer el fondo de armario de la trastienda/cueva. Ellos, carita al sol, con la barriga llena.

Y mientras, el PP, a verlas venir.

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