Padre de la víctima del crimen de Almonaster: “No puedo aportar nada que inculpe a Genaro”

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Manuel Bárcenas, padre de la sevillana María del Carmen Espejo, fallecida hace 21 años junto a su hijo Antonio cuando contaba con diez, supuestamente a manos del que fuera su pareja Genaro Ramallo, ha asegurado este martes que no puede “aportar nada que lo inculpe” por la muerte de su hija, indicando además que “ella estaba contenta” con su relación.

Durante la segunda sesión del juicio ante el tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelva, el padre y abuelo de las víctimas, cuyos restos fueron hallados en 2011 en una finca ubicada en el término municipal de Almonaster La Real, ha precisado que “nunca” pensó que la hubiera matado, excepto cuando la Policía reabrió el caso en 2011 que ya si lo sospechó, porque “la tenía como una esclavita, a él no le molestaba y todo le parecía bien. No vivía con ella, tan solo la visitaba de vez en cuando”.

En esta línea, ha señalado que cuando llevaba algunos meses sin saber del paradero de su hija y de su nieto, Genaro “le decía que solo veía a éste, no a su hija”, a lo que ha añadido que no le consta que “ésta fuera maltratada porque no tenía ninguna queja de él ni el niño tampoco. Su coletilla de toda conversación se resumía en que ‘a Genaro no le importa'”.

Manuel Bárcenas ha puntualizado que sospechó de que “algo raro pasaba” cuando llegó la fecha de enterrar los huesos de su madre –con la que tuvo a María del Carmen fuera del matrimonio–, años después de morir, “y ésta, que era muy madrera, no apareció”, entonces fue a Madrid a buscarla pero no la encontró.

Por ello, ha recordado que, ante esta sospecha, llamó al teléfono de su hija de su vivienda en Huelva y contestó “una voz extraña de mujer” que le dijo que vivía con Genaro, pero que “no conocía a Carmen”, entonces contactó con Ramallo y le dijo que su hija “se había ido a Madrid con el niño, al que veía en principio de seis en seis meses y después de año en año, y que no le llamara más para preguntarle por María del Carmen porque esa historia se había acabado”.

“Yo creí que mi hija estaba en Madrid, me lo creí a la fuerza porque no tenía donde agarrarme”, ha enfatizado el padre y abuelo de las víctimas, pero fue en ese momento cuando interpuso una denuncia ante la Policía Nacional por su desaparición, indicando además que los compañeros suyos de trabajo también empezaron a sospechar, momento en el que recibió una carta una tía de María del Carmen, Amalia Espejo, supuestamente firmada por la víctima diciéndole que “se había ido a Córdoba para vender joyas”.

Amalia Espejo, que también estaba citada para declarar, no ha podido asistir por su estado de salud, y en la sala se ha dado lectura de su declaración tomada el 1 de febrero de 2012 ante la juez instructora de los juzgados de Aracena.

En la misma, aseguró que había denunciado la desaparición de su sobrina, con la que no tenía trato porque no le gustaba su relación con Genaro, porque “tras llamarla varias veces ésta nunca contestaba”, y remarcó que “la estuvieron buscando en Madrid y al niño en varios colegios pero no encontraron nada”.

“IMAGINÉ QUE MI PADRE TENÍA ALGO QUE VER”

También ha declarado una hija de Genaro, fruto de su relación con su pareja cuando sucedieron los hechos y que la simultaneó con María del Carmen, y ha señalado que su relación con su padre “fue buena” sobre todo cuando fue más mayor, así como que le preguntaba por su hermano Antonio porque quería conocerlo pero éste “siempre le ponía excusas”, a lo que ha añadido que cuando se destaparon los cadáveres imaginó que su padre “tenía algo que ver”.

Preguntada por ese momento, su padre le dijo que le iba a hacer un poder sobre sus pertenencias, y ya imaginó que “estaba huyendo” por estos hechos y que “algo gordo había detrás”, pero no quiso preguntar más, a lo que ha añadido que ella marchó a Madrid a trabajar y éste le facilitó un correo al que únicamente podían acceder ambos, “de forma que los escribía, pero no los mandaba”, una circunstancia que le pareció “rara”.

Además ha añadido que su padre le pidió el teléfono de un hombre de Calabazares, aldea donde se encontraba la finca, y ya imaginó que “estaban muertos y que había tenido algo que ver ahí”.

Por otro lado, preguntada por lo que le contaba de su hermano Antonio, al que buscó por las redes sociales cuando llegó a la adolescencia, ha subrayado que creía que estaba vivo porque Genaro le dio un bolígrafo supuestamente regalado por éste. Además le contó que Antonio “tenía una novia, a la que había dejado embarazada, y que estaba en Córdoba trabajando de comercial de joyas”.

Por último, ha precisado que su padre le dijo que tenía una foto reciente de su hermano Antonio, pero que la había perdido y también su último teléfono, y ha asegurado que le pareció “raro” que no contactaran.

“LLORANDO Y DESESPERADO”

También ha declarado la madre de esta hija, que fue su pareja cuando sucedieron los hechos, y ha señalado que “un día Genaro llegó desesperado y llorando diciendo que Carmen se había marchado, junto a su hijo, con un hombre con dinero y que lo había abandonado”, época en la que él desapareció un tiempo, aunque no ha podido precisar cuanto.

Tampoco ha podido concretar cuándo se produjo ese episodio, pero ha recordado que “tuvo que ser en el año 1993”, año en el que las víctimas fallecieron, pero sin especificar fecha exacta, aunque ha dicho que cree que era verano.

En esas fechas la frase de Genaro, especifica la que fue su pareja, era que “Carmen y el niño eran su responsabilidad porque estaba sola en el mundo y que lo necesitaba como apoyo y también económico”, indicando además que al tiempo le dijo que ésta “había tenido una hija a la que había llamado Marina”.

Preguntada por si había visitado la finca, sita en Almonaster La Real, donde aparecieron los cadáveres, la ha descrito y ha destacado que “había un pozo cerrado con una piedra encima y sobre el mismo puso Genaro unas vigas como asiento y en ese espacio hacían barbacoas”.

Por último, ha destacado que la casa en la que convivían “se la quería deja como herencia a su hijo Antonio” y que Genaro era una persona “con carácter machista y completamente agnóstica, atea y nunca ha creído nada”.

SU HERMANA Y OTRA PAREJA

En esta sesión también han declarado una hermana de Genaro Ramallo y otra de sus parejas, con la que mantiene relaciones desde 1994. La primera ha dicho que recibió una carta de María del Carmen, en la que explicó los motivos de su marcha y que por la forma de expresarse creía que “era de ella”, un documento que no ha podido aportar porque lo perdió, a lo que ha añadido que “no eran solo cuñadas, sino amigas”. Por eso, le dolió que “no se pusiera en contacto” con ella.

La que ha sido su pareja durante los últimos 20 años ha remarcado que en Navidad siempre le decía que se reunía con su hijo Antonio, pero se dio cuenta que “ponía esta excusa” para estar con otra mujer.

Por último, la defensa ha señalado que un hermano de Genaro citado para declarar, y que estaba en paradero desconocido, se ha puesto en contacto con él por email desde Brasil para ofrecer su disposición a testificar. Por su parte, la Fiscalía ha renunciado, pero la acusación particular no.

Este miércoles se celebrará la tercera sesión de este juicio a partir de las 9,30 horas con la declaración de 11 testigos, fundamentalmente compañeros de trabajo de la víctima.

 

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