Compañeros de la víctima del crimen de Almonaster aseguran que sospecharon falsedad en su firma

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Compañeros de trabajo de la sevillana María del Carmen Espejo, fallecida hace 21 años junto a su hijo Antonio cuando contaba con diez, supuestamente a manos del que fuera su pareja Genaro Ramallo, han destacado en sus declaraciones que cuando recibieron una carta en la Delegación de Economía y Hacienda de la Junta, donde la víctima trabajaba cuando desapareció, en la que renunciaba a su puesto, sospecharon de la falsedad de la firma de esa carta, que se suponía que era de ella, porque la cotejaron con otros documentos y los trazos no coincidían.

Durante la tercera sesión del juicio ante la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelva, han declarado varios compañeros de trabajo de María del Carmen, cuyos restos y los de su hijo aparecieron 18 años después en un pozo en una finca sita en Almonaster La Real, y todos han coincidido en “la extrañeza” que le produjo esa carta en la que renunciaba a su puesto, ya que “ella siempre decía que con ese trabajo le había tocado la lotería y se estaba preparando las oposiciones”.

Una de estas compañeras ha señalado que “Carmen siempre actuaba para agradar a Genaro, y que ésta tenía un carácter muy alegre pero era algo reservada”, así como que en los días previos de su desaparición “no contó que tuviera algún problema”, indicando además que él la llevaba y traía del trabajo. Otra de estas compañeras ha especificado que María del Carmen “sospechaba de infidelidades de su pareja y que dependía mucho de él”.

El que fuera delegado de Economía y Hacienda en el año 1993 decidió interponer una denuncia tras la recepción de dos cartas, mecanografiadas y supuestamente firmadas por la víctima. En la primera pedía un permiso y en la segunda su baja definitiva –ambas con matasellos de Madrid, según ha precisado algunos declarantes–, y éste ha recordado que decidió elevar esta denuncia a la Policía porque al cotejar la firma de María del Carmen con otros documentos comprobaron que ambas rúbricas no coincidían, indicando además que le parecía “muy raro” que ella renunciara a su puesto.

Otra compañera de la víctima, con la que llegó a tener una relación de amistad, ha remarcado que la carta de renuncia “contenía un estilo muy rebuscado, impropio de María del Carmen y de una persona que trabajara en la Administración”, así como que cuando desapareció ella le preguntó a Genaro y le dijo que “Carmen le había hecho mucho daño y que no quería saber nada de ella”.

Otra ha destacado que en su primer puesto en la Oficina de Turismo “Carmen estaba más contenta que cuando pasó a la Delegación de Economía, en la que a veces la veía baja de ánimos”, pero ha precisado que en general “estaba contenta con su trabajo”.

VECINOS DE LA FINCA

Un vecino de la finca sita en Almonaster, donde aparecieron los cadáveres, ha asegurado que la última vez que lo vio fue en 2006 y nunca llegó a conocer a las víctimas. Ha remarcado que la parcela la compró en 1993 y en ella no perseguía ninguna finalidad, “pues tan solo tres años sacó el corcho”. También ha indicado que en los años 90 “acamparon por la zona unos ‘hippies'”. Otra vecina ha señalado que en aquella época “no se podía acceder en el coche hasta la misma finca”, así como que el pozo en el que aparecieron los cadáveres “fue cegado” por su abuelo “hace muchos años”.

También ha declarado una vecina del piso en el que convivía con María del Carmen y ha asegurado que cuando desapareció, “éste le decía que se había marchado a Madrid con el niño” y lo ha tildado de “buena persona y de buen profesor”.

Un compañero suyo de la academia que regentaba el acusado, ha recordado que éste le hizo una propuesta de poner a su nombre la finca de Almonaster pero al final no le interesó, mientras que otro compañero, que lo conoce hace 25 años porque con anterioridad fue también alumno, ha señalado que iba a comenzar a dar clases en el verano de 2011, pero al destaparse los cadáveres ni empezó porque Genaro desapareció y ya no lo localizó. Cuando llegó a la academia tras las vacaciones, ha subrayado que observó que había restos de que alguien había dormido allí y que la torre del ordenador no estaba. En cuanto a su persona, ha remarcado que es “un hombre muy amable, trabajador, profesional y muy atento con los alumnos”.

Este jueves se celebrará la cuarta sesión del juicio, jornada en la que declararán policías y guardias civiles.

 

 

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