TERETES.
Reciprocidad.
[Paco Velasco]

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TeretesLos antropólogos definen la reciprocidad, en lo que se refiere a cultura, como la forma de intercambiar trabajo y bienes dentro del sistema económico de un pueblo determinado, sobre todo cuando no hay mercado, es decir, cuando no existe fabricación para la compraventa. En ese sentido, se puede hablar de sociedades en las que el sentido de la reciprocidad es altruista, de manera que el compromiso social trasciende al aspecto material, de sociedades equilibradas, en las que el trueque compensa desequilibrios, y de sociedades de reciprocidad negativa en las que se da a cambio de un beneficio al que se aspira incluso a través del robo, de la trampa o del regateo.

La reciprocidad negativa comporta siempre la preexistencia del efecto boomerang. Uno puede lanzar la herramienta mil veces y ésta volverá al punto de partida. Las leyes naturales nos avisan al respecto. Todo se sujeta a una causa. Por tanto, si no me gusta lo que mando, he de pensar que lo que me llega de vuelta nunca podrá satisfacerme.

Imaginemos a un sujeto insomne. El sueño se apoderará de él en el momento preciso en que, en vez de tratar de dormirse, se aferre a la vigilia. Es el proceso de reactancia, la psicología inversa. Si la libertad de conducta de alguien es amenazada, se volverá motivacionalmente exaltado porque temerá perder otras libertades. En general, somos más propensos a la persuasión si confiamos en que el mensaje externo no persigue disuadirnos. Si sospechamos sobre la deliberada intención del mensaje, se dispara el rechazo al mismo.

Reputemos el carácter de reactancia a las relaciones de reciprocidad entre los pueblos y culturas del estado español. Resulta evidente, dada la necesaria y feliz diversidad que enriquece a España, que el altruismo y el equilibrio aparecen desterrados del común. El problema que subyace se refiere a las acusaciones de robo, contagio y otras tristezas que un colectivo numeroso de catalanes inflige a la ciudadanía de la nación. La reciprocidad negativa del mensaje se inserta en el efecto boomerang. La voluntad de independencia tendría su recibí en la manifiesta intención de expulsar a esa comunidad del ámbito estatal.

Qué dirían los separatistas catalanes de pega y Pujol si los españoles decidiéramos, por mayoría, convocar un referéndum de expulsión de nuestro cuerpo social a los catalanes, por díscolos, a los extremeños, por pobres, a los canarios por lejanos aislados y así, privándolos de su derecho a formar parte del Estado democrático que, constitucionalmente, nos regalamos. La respuesta es obvia: el Estado nos maltrata, nos relega, nos discrimina, pisotea nuestros derechos y se cisca en la ley. Nos hallaríamos ante un estado fascista exterminador.

Pues eso. Los impulsores del secesionismo contra natura y anti lege pondrían el grito en el cielo si por aquello de la negativa reciprocidad reciben en su ojo el misil boomerang de su infeliz interpretación del derecho a decidir. Quid pro cuo. Do ut des. En expresión china: la reciprocidad se alimenta de la cortesía. Qué menos.

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