Prosigue este martes el juicio del crimen de Almonaster con la declaración de peritos y policías

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Este martes prosigue la sexta sesión del juicio por la desaparición de la sevillana María del Carmen Espejo, fallecida hace 21 años junto a su hijo Antonio cuando contaba con diez, cuyos restos aparecieron en una finca de Almonaster La Real en 2011, 18 años después, con la declaración de seis peritos caligráficos, de dos agentes de la Policía Científica, especialistas en antropología; de otros dos policías más y de tres funcionarios técnicos de la unidad central de análisis científicos.

Todo ello después de que el pasado viernes quedara suspendida la quinta sesión por la no asistencia en sala de dos de los seis peritos caligráficos citados. En esa jornada estaba previsto que declararan esos seis peritos ante el tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelva, pero al haber asistido solo cuatro, el tribunal decidió suspender esta prueba pericial y realizar su práctica este martes a partir de las 9,30 horas, justo antes de que declaren los agentes de la Científica.

En los días posteriores, según ha podido confirmar Europa Press, declararán cuatro agentes más y médicos forenses que analizaron los restos encontrados en el pozo de la finca de Almonaster, donde fueron hallados los cadáveres.

El jueves está citado a declarar el educador del módulo 14 del centro penitenciario de Huelva, donde Genaro Ramallo se encuentra en prisión preventiva, así como dos catedráticos de medicina legal, propuestos todos ellos por la defensa.

Ya el viernes, último día de vista oral, se elevarán las conclusiones y los informes finales por todas las partes y previsiblemente quedará visto para sentencia.

Durante la pasada semana se celebraron cuatro sesiones de este juicio. En la primera, Genaro Ramallo, único acusado de los hechos, negó haber sido el autor de sus muertes. A preguntas de su letrado, Álvaro Aznar, manifestó que la relación con la víctima “comenzó hace mucho tiempo” cuando él regresó de Alemania, y reconoció que siempre ha tenido “relaciones multiplicadas”, es decir, que las simultaneaba.

En esta línea, precisó que tras dejar la relación, dos años antes de que aparecieran los cuerpos, la veía “a menudo” por el hijo que tenían en común y que la víctima y su pareja, en aquellas fechas, eran “enemigas íntimas”.

También aseguró que no escribió ninguna de las cartas, aportadas a las pruebas, una a una tía de M.C.E., y otra al diario ‘Odiel Información’, haciendo creer en ambas misivas que ésta “lo había abandonado, yéndose a Madrid con otro hombre”, declaración que mantuvo en el juicio. Cabe recordar que en la carta que escribió al citado periódico aseguró que “no había matado a estas personas, sino que los enterró tras encontrarlos muertos”.

Cabe recordar que su defensa solicitó en la exposición de las cuestiones previas la nulidad de la entrada y registro en la finca de Almonaster, de las intervenciones telefónicas y de la toma de muestras de ADN, que fueron rebatidas por la Fiscalía y por la acusación particular, ejercida por Luis Romero en representación del padre y abuelo de las víctimas.

Al día siguiente, Manuel Bárcenas, padre de la sevillana María del Carmen Espejo, aseguró que no puede “aportar nada que inculpe” a Ramallo por la muerte de su hija, indicando además que “ella estaba contenta” con su relación. De igual modo, precisó que “nunca” pensó que la hubiera matado, excepto cuando la Policía reabrió el caso en 2011 que ya si lo sospechó, porque “la tenía como una esclavita, a él no le molestaba y todo le parecía bien. No vivía con ella, tan solo la visitaba de vez en cuando”.

En cambio una hija de Genaro, fruto de su relación con su pareja cuando sucedieron los hechos y que la simultaneó con María del Carmen, manifestó que le preguntaba por su hermano Antonio porque quería conocerlo pero éste “siempre le ponía excusas”, a lo que añadió que cuando se destaparon los cadáveres imaginó que su padre “tenía algo que ver”.

Preguntada por ese momento, su padre le dijo que le iba a hacer un poder sobre sus pertenencias, y ya imaginó que “estaba huyendo” por estos hechos y que “algo gordo había detrás”, pero no quiso preguntar más, a lo que añadió que su padre le pidió el teléfono de un hombre de Calabazares, aldea donde se encontraba la finca, y ya elucubró que “estaban muertos y que había tenido algo que ver ahí”.

También declaró en esa jornada la madre de esta hija, que fue su pareja cuando sucedieron los hechos, y señaló que “un día Genaro llegó desesperado y llorando diciendo que Carmen se había marchado, junto a su hijo, con un hombre con dinero y que lo había abandonado”, época en la que él desapareció un tiempo, aunque no pudo precisar cuanto.

En la tercera sesión compañeros de trabajo de la víctima han destacado en sus declaraciones que cuando recibieron una carta en la Delegación de Economía y Hacienda de la Junta, donde María del Carmen trabajaba cuando desapareció, en la que renunciaba a su puesto, sospecharon de la falsedad de la firma de esa carta, que se suponía que era de ella, porque la cotejaron con otros documentos y los trazos no coincidían, destacando además “la extrañeza” de su renuncia, ya que “ella siempre decía que con ese trabajo le había tocado la lotería y se estaba preparando las oposiciones”.

“COMPRÓ LA FINCA PARA ENTERRAR LOS CUERPOS”

Por último, el pasado jueves el que fuera jefe del Grupo de Homicidios de la Jefatura Superior de la Policía Nacional de Andalucía Occidental cuando se reabrió en 2011 este caso aseguró que al llegar a la finca donde aparecieron los cadáveres, propiedad del acusado de los hechos, para inspeccionarla tuvo la sensación de que había sido comprada por éste, un par de meses antes de la desaparición de las víctimas en el verano de 1993, “con el único y exclusivo fin de enterrar los cuerpos” allí.

De igual modo, señaló que, según su propia percepción, “esa finca no la compra nadie con ningún fin, es un lugar inhóspito, al que se llega con un camino muy estrecho, no era un lugar adecuado para nada y carecía de cualquier interés comercial, lúdico o de construcción”.

“Nosotros sabíamos que Genaro los había matado allí en la finca, solo y sin ninguna ayuda, porque no es posible el traslado de cadáveres hasta este lugar, y que los había enterrado allí”, remarcó otro agente que también participó en las primeras excavaciones, quien mantuvo la teoría que “discutió con María del Carmen porque tenía pensado pasar el fin de semana con su otra pareja, y tras la pelea se la lleva a la finca para hacer un picnic y allí le da muerte. Iba con la idea premeditada”.

Otro agente precisó que por los restos hallados en el fondo de la fosa y su disposición en bolsas y en el interior de sacos de dormir cerrados, pueden concluir que, al menos, “la mujer fallecida fue decapitada, pues la cabeza completa estaba en el interior de una bolsa de plástico cerrada con un cordón”.

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