TERETES.
Podemos. ¿O no?
[Paco Velasco]

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TeretesHuelva. 16 de octubre de 2014. Manifestación para la retirada de fosfoyesos. Alrededor de dos mil personas en una cálida tarde otoñal. Silencio. Estupor. El conformismo endémico de la ciudad factoría de siempre.

¿Podemos cambiar la mentalidad de este pueblo? Ni falta que me importa, dirían al unísono el chuleta conservador y el pijo progre que viven a costa del malestar general. Ni falta que les importa. ¿Y los políticos de Huelva? No se vieron. La mal llamada casta es una secta. Un grupo de advenedizos mediocres instalados en los pesebres del poder. Una troica de partidos que se disputan el manejo del balón en un campo local con árbitro siempre casero. Vertedero de exigencias de copagos y de escuelas públicas que recogen los desechos de su querencia por lo privado.

En este escenario de estercoleros ideológicos, la irrupción de pablos y monederos provoca el pasmo, primero, y el temor, a continuación. Se pone en riesgo la seguridad de los popes ortodoxos del centro, de la izquierda y de la derecha. Los últimos culpan a los segundos y los del centro responsabilizan a todos. Mientras, la casa sin barrer. En tiempos de maximalismos de corrupción, gigantismos de demagogia. El humus del latrocinio institucional abona la cosecha de salvapatrias. Los monederos y los iglesias se apropian del asco colectivo hacia los blesas, ratos y demás mangantes del Estado de derecho. A falta de un mínimo de decoro ético-social, la prostitución se adueña de las calles.

Las balsas de la rendición ciudadana alertan del tsunami interior que aplasta las buenas intenciones. No hay herramientas milagrosas al servicio de los ciudadanos. Hay ciudadanos que prefieren la mugre reinante antes que asir la escoba mágica de la personalidad que limpia para crear. La política abre sus brazos hacia viejas formas. Las nuevas son malas reediciones de soluciones desastrosas. La revolución del pueblo pasa por la conciencia individual. Del mismo modo que los derechos colectivos nacen de las libertades individuales.

Reediciones. Volvamos la mirada a los clásicos. Cicerón en sus catilinarias: (“¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? ¿Cuánto tiempo hemos de ser todavía juguete de tu furor? ¿Dónde se detendrán los arrebatos de tu desenfrenado atrevimiento?”) o en sus filípicas: (“Parecía que había amanecido una nueva aurora, no sólo desterrada la tiranía que nos había tenido sojuzgados, sino también el miedo de volver a ella: y dio a la república una gran prenda de que quería la libertad de la ciudad, con haber desterrado del todo el nombre de dictador, que muchas veces había sido justo, por la reciente memoria de la dictadura perpetua”).

Podemos, sí. Podemos los ciudadanos sin que los monederos y los iglesias unzan nuestra cerviz como una yunta de bueyes que tiran del carro de los golfos que nos echan a la cara la basura blanca de los ricos de toda la vida.

¿O no queremos poder?

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3 comentarios

  1. María García on

    De todas maneras, Señor Velasco, llegamos al triste convencimiento y pleno que ” los Cazurros siempre seguirán siendo cazurros”, se vistan con la vestimenta con la que se vistan, eso es lo de menos…¡ cazurros al fin y al cabo!

  2. María García on

    Buen final suyo, ¿ O no queremos poder o no pueden poder?. Dickens siempre veía fantasmas…¿por qué sería Señor Velasco?, ¿ no tendría razón Lampedusa?…

    ” NO hay tonto bueno”.

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