Opinión: Caja Madrid o cómo pagar el polvo y poner la cama

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(Texto: Federico Soubrier)  Con el caso Caja Madrid de las tarjetas opacas, la calle suena y la calle habla de lo sinvergüenzas que han sido los directivos gastando cantidades descomunales, a groso modo y sin entrar mucho en materia.

Ya quisiéramos muchos, si no todos, que en nuestros trabajos alguien nos facilitase una tarjeta y nos dijese —Puedes gastar con total libertad— ¿Quién se va a poner a pensar si el efecto dominó al final tributa a la AEAT o no? ¡Nadie! Allá penas cuidado con la empresa.

No seamos hipócritas, al igual que ha caído gente de derechas lo ha hecho personal de izquierdas, no importan las tendencias cuando el bolsillo tal y como lo vacías se vuelve a llenar, si te dan la lámpara acabas pidiendo deseos a sabiendas de que se cumplen y supongo que se entrará en un éxtasis muy peculiar.

A mi entender, realmente el problema no reside ahí. Si bien es cierto que sería un tema perfecto para una tesis doctoral y daría para un Cum Laude el explicar desde el punto de vista psicológico en qué cosas ha empleado cada cual su utilización, siempre reconociendo que el que más me ha llamado la atención ha sido el que lo ha sacado todo en efectivo, evidentemente para ahorrar para el futuro siendo hormiga cuando los demás se las daban de cigarras, desde una perspectiva sociológica es “normal” que el colectivo haya aprovechado las bondades de su empresa.

El nuevo líder del PSOE, que le hará sombra a Felipe, presume de haber expulsado a todos los implicados que formaban parte de su partido, a sabiendas de que los del otro saben tanto, que difícilmente nadie sepa la manera de deshacerse de ellos, apuntándose una baza bastante inteligente, tengo que reconocerlo.

Cuando aseveran que se han pagado copas, se podría hipotetizar, por lo que se escucha en los mentideros, que en los clubes de alterne con las bebidas van incluidas las prostitutas, las únicas que levantan algo en este país, ya que jamás habrá un tique que detalle el trabajo, ni cuántos, ni cuántas, ni cómo, pero sí dónde, aunque todos lo negarán y yo me lo creeré, dado que jamás dudaré de la decencia de un político. Pero a mí me da lo mismo que echen una cana al aire o se den un homenaje con sus señoras haciendo un viajecito para rememorar la luna de miel.

Aquí, lo realmente jodido ha sido que se haya realizado en tiempos de recortes, esos en los que se ha estrangulado a la población, pidiendo austeridad con cara de pena, esa que tiene o pone Rajoy en cada discurso, pero la cosa difiere poco del sueldo que cobra un político, de lo poco que asisten los eurodiputados a las sesiones, de los sobres de Bárcenas, de los ERES andaluces y de ahí hasta el infinito.

La cuestión se ha prolongado tantos años que implica como siempre a un mandato bicéfalo, hoy oposición y mañana gobierno, que se odian pero que se quieren porque a la postre se dan de comer el uno al otro.

El problema no creo que resida tanto en que hayamos podido pagar con dinero público tantos excesos, sino como que en las próximas elecciones los votos volverán a repartirse entre los bicéfalos. Me atrevo a vaticinar que no gobernarán los de ahora, aun obteniendo más votos, sino los de antes con el apoyo de “los que pueden”, pero al final los votantes habrán puesto de nuevo la cama, y eso sí que es preocupante. Ojala me equivoque en todo.

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