Laberinto social.
Se han pasado dos pueblos.
[Federico Soubrier]

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Federico SoubrierA un funcionario como yo, al filo de cumplir los treinta años de servicios en la Administración, no deja de llamarle la atención que los representantes del Círculo de Empresarios vengan ahora atacando a la Función Pública, esa que arrastra una pérdida de poder adquisitivo de al menos un treinta por ciento, a esa que el gobierno de turno le roba la paga extra. Todo esto consensuado por esos políticos que gradualmente tienen que pasar por el banquillo judicial debido a presuntos improperios e indecencias ilegales cometidas con dinero negro a espuertas, sirva como último ejemplo, todavía caliente, el reformar Génova y no precisamente en Italia. Aunque el primer impulso sería el cagarse en la leche que mamaron, creo que hay que ser un poco más visceral y analizar el tema.

Al parecer, la idea pasa por querer reducir 90.000 millones de euros en gasto público; eso en un país ya lo tiene muy por debajo de la media europea (más de seis puntos) y de alguna manera fomentar el despido de parte del colectivo del funcionariado, a la vez que reducir nuestros derechos laborales.

Supongo que al empresariado se le pasa un poco que ha sido su gremio, digamos desde los implicados en la burbuja inmobiliaria hasta donde se quiera llegar, por supuesto con honrosas excepciones, el que ha hundido el país bajo el proteccionismo de gobiernos que se denominaban defensores del obrero y otros que no necesitan ni eso y actúan a cara descubierta, razón por la que pienso que ellos debían pagar todos su anteriores excesos a base de impuestos proporcionales al desaguisado: el de aquellos tiempos en que en las ventanillas nos decían “Yo por lo que tu ganas es que ni me levantaba”.

La Real Academia de la Lengua Española define como funcionario la persona que desempeña un empleo público y como empresario, entre otras explicaciones, detalla a quien que por concesión o por contrata ejecuta una obra o explota un servicio público. Quizás se encuentre ahí el problema, en que el Neoliberalismo quiera explotar el servicio público a la vez que concedérselo y por eso les moleste que exista un colectivo que impide el “yo me lo guiso, yo me lo como” a base de gestiones transparentes.

Los empresarios que se han aprovechado de las bonanzas fiscales, del continúo machaqueo hacia el trabajador y la violación de sus derechos sindicales en un incompresible complejo de Tío Gilito que sueña cada noche con contar sus monedas de oro a base de palada, quieren continuar dando vueltas de tuerca a los trabajadores que, a la postre, son los que se lo curran.

Me comentaba un conocido empresario onubense, buen amigo mío por extrañas casualidades de la vida, “Es increíble, aunque vaya en mi beneficio, Rajoy nos lo ha puesto que podemos hacer lo que nos salga de los cojones con los trabajadores”. Y lo peor no es eso, también sentenciaba “Lo más alucinante es que son ellos mismos los que votan a este gobierno ¡Es de locos!”.

Seguirán nadando en el euro y aprovecharán la coyuntura que les envuelve pero esta vez se han pasado dos pueblos. Al menos, me gustaría que se aplicasen el dicho de “zapatero a tus zapatos” y dejasen de tocarnos las narices y otros órganos algo más alejados.

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