DESDE BARCELONA.
Reciclar.
[Jordi Querol]

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Hace algún tiempo vi una película extraordinariamente entretenida. El actor Leonardo di Caprio era su protagonista. Se trataba de un joven que, entre muchas otras cosas, desplegaba una especial habilidad: falsificaba cheques a la perfección. Engañando a diestro y siniestro, con descaro y habilidad, logró incorporarse a unas líneas aéreas haciéndose pasar por ex piloto; viajaba mucho, ligaba con las azafatas y se divertía un montón y, cuando necesitaba dinero, lo obtenía de inmediato: con pericia y rapidez falsificaba otro talón. Obviamente, al cabo de cierto tiempo, saltó la alarma y eso hizo que la Oficina Federal de Investigación (la FBI), que es la principal rama de investigación criminal del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, lo buscara sin cesar alrededor de todo el mundo y, como casi siempre pasa con los rufianes, al final, dieron con él y lo encarcelaron. Una vez más, lo que siempre acontece en USA (y que desgraciadamente no ocurre en otros países): el que la hace la paga.

Desde mi punto de vista, lo que sucede al final de la película (una historia real llevada al cine) es sumamente llamativo y didáctico. La mismísima FBI le propone sacarlo de la cárcel y contratarlo para que trabaje junto a ellos en una misión muy concreta y específica (él conoce extremadamente bien el tema): cazar a falsificadores de talones. En dos palabras, un reciclaje. No olvidemos que la definición del verbo reciclar empieza así: proceso cuyo objetivo es convertir desechos en nuevos productos…

Rememorando esta película he especulado sobre el futuro de Francisco Nicolás López Iglesias, este joven de 20 años que esgrimiendo ser asesor de no sé que, no solo se fotografió junto a Aznar, Esperanza Aguirre, Rajoy, y múltiples famosos de la ‘casta’ como dice Pablo Iglesias, sino que además lo pudimos ver saludando con buenas maneras a nuestros reyes. Paquito, como lo llaman en su barrio, es un verdadero fenómeno: ‘un figura’.

A mí, me gustaría reciclar a Francisco Nicolás López Iglesias, o sea, hacer con él lo mismo que con Leonardo di Caprio en la mencionada película, pero no enseñando a los parados a como buscar trabajo, como ya ha propuesto alguien, no, no, en este menester los podría contagiar, es decir, les podría transmitir algo de su vocación de pícaro y farsante. Lo más adecuado, dadas las actuales circunstancias, sería colocarlo en algún puesto importante del Gobierno. Estoy seguro que su nuevo trabajo, su futuro, está junto a la derecha española de siempre, la acicalada y bien peinada, la de los grandes nudos de seda natural, la constitucional, la de la mayoría absoluta, la de las tarjetas, la que ya no se puede contagiar. Me imagino a Paquito mandando mucho en alguna entidad bancaria de la capital o volando en primera clase, sentado al lado del Ministro de Asuntos Exteriores, asesorándolo en temas internacionales en general y particularmente sobre asuntos relacionados con Suiza, Andorra, Liechtenstein, etc. También lo veo junto al Ministro de Industria, el canario que aún cree que el meridiano de Greenwich pasa por Tenerife, ayudándole en temas petrolíferos. Sin embargo, dada su manera peculiar de peinarse y su pinta de niño pijo, seguramente su silla está en el Ministerio de Sanidad, muy cerca de la ministra Ana Mato. No lo sé, pensémoslo.

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