DESDE BARCELONA.
Sueños y emociones.
[Jordi Querol]

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Muchos niños catalanes, no todos claro, crecimos con una obcecación, el Real Madrid era el enemigo a batir. No hacían falta palabras, en el ya desaparecido campo de Les Corts (antigua sede del ‘Barsa’ y lugar de enfrentamientos inigualables), observar a nuestro padre era suficiente. Un hombre educado, maestro nacional, introvertido y serio que, durante aquellos partidos parecía otro, gritaba y gesticulaba exageradamente, se transformaba. Así, observándolo atónitos, mi hermano y yo nos convertimos en ‘cules’.

Repito, en aquel campo, el enemigo quedó concretado para siempre y, esta emoción, se transmitió con tanta fuerza que hoy, sus nietos (ya hombres), es decir, mis hijos, siguiendo mis pasos, son igual de ‘cules’ que su abuelo. A muchos catalanes, el Real Madrid nos hace reaccionar así, lo queremos sacudir, que quiere decir golearlo, eliminarlo… La dimensión de esta reacción es proporcional al significado del enemigo: su historia, su economía, su simbolismo, su poderío, sus victorias, sus maneras, etc. He puesto este ejemplo para hablar de emociones, o sea, esas reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos de los individuos cuando percibimos un determinado acontecimiento, institución, persona o hecho. En mi ejemplo, el acontecimiento es el Real Madrid, una realidad que llegó hasta nosotros a través de nuestro padre y, este, nos la evocó a su manera, es decir, de modo no halagüeño. El, con mucha contundencia (gestos, gritos y algunos comentarios) nos la transmitió y, a partir de aquí, surgieron nuestras propias emociones, que fueron, sin ninguna duda, clónicas a las de nuestro padre, en aquella época, nuestro protector e ídolo: nuestro mito.

Esta fábula me recuerda un poco la historia de Podemos. Las realidades de nuestro tiempo no son nada halagüeñas, cunde el desanimo y la pobreza, sin embargo, la televisión (nuestra ágora cotidiana), nos ofrece el fin de todos nuestros males, es decir, la imagen del líder que nos da la solución abanderando ese rechazo general. Pablo Iglesias (la salvación) nos defenderá, y la actual grieta social existente entre políticos y ciudadanos quedará eliminada, por lo tanto, la confrontación está servida, se inicia la batalla, en términos futbolísticos un Barsa-Madrid. Lo nuevo desconocido contra lo antiguo que no nos gusta, pero aquí, la racionalidad y la ideología no cuentan ya que Podemos significa el sueño y el PP y el PSOE representan la realidad nefasta a batir.

La corrupción (Gurtel, tarjetas de crédito, Pujol…) ha sido mucha en todas las geografías españolas, y el poder ha hecho caso omiso a las reclamas de la sociedad. Sin embargo, Pablo Iglesias (que no concreta muy bien su programa) nos escucha educada y atentamente y nos vende sus sueños para empezar un nuevo ciclo. En definitiva, la incapacidad de unos contra los sueños de otros. Un mal partido, ya que esta vez nos jugamos algo más que tres puntos. Nunca perdonaré al PP, al PSOE y a CIU el haber roto el sistema por culpa de sus múltiples corrupciones y miserias. Ahora con Pablo Iglesias estamos abocados a tener que comenzar otra vez desde el principio. A mí, volver a empezar con un Parlamento excesivamente fraccionado me hace mucha pereza.

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