DESDE BARCELONA.
Otra persona.
[Jordi Querol]

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Efectivamente, Uma Thurman, la bella protagonista de muchas películas de Tarantino (su actual novio), no es ahora ni más vieja ni más joven, es, simplemente, otra persona. Sobre estas transformaciones, es decir, sobre los resultados de las acciones de ciertos bisturís, me gustaría hacer unas cuantas reflexiones. En primer lugar, mi absoluto respeto a la libertad individual; cada uno con su cuerpo puede hacer lo que le plazca, faltaría más. Si no se gustaba y quería cambiar su rostro allá ella. Mi segunda reflexión tiene que ver con la candidez, es decir, cuando una comunidad de vecinos, decide rehabilitar la fachada de cierto edificio, lo primero que hace es contratar a un arquitecto y obtener un proyecto básico de la nueva fachada. Después de esta operación arquitectónica inicial, en la cual el ayuntamiento de la localidad donde se encuentra también dice la suya, hay un serio y riguroso trabajo (reuniones, bocetos, presupuestos, discusiones, etc.) y, al final, se decide y acepta el proyecto definitivo. En pocas palabras, antes de empezar los trabajos de reconstrucción (bisturí) se conocen con exactitud las formas, las texturas y los colores de la obra a realizar.

Después de ver el sorprendente rostro con el que actualmente viaja Uma sospecho que, el cirujano que en su día le enseñó el boceto de su futuro aspecto, la engañó y, si no es así, ella es muy incauta. Mi tercera reflexión tiene que ver con el aburrimiento, seguramente Uma se cansó de su rostro y, al no gustarse, intentó cambiarlo. En cuarto lugar el materialismo; es probable que si supuestamente le escaseaba él trabajó, quizás pensó que cambiando su cara la contratarían más. Otra cuestión son los efectos del tiempo, seguramente Uma no soportaba ver que, con los años, aparecían algunos cambios en su semblante (arrugas, manchas en la piel, bolsas debajo los ojos…) y quiso corregirlos. Y, finalmente, una posible y equivocada reacción a causa de cierta tiranía cruel y general hacia las mujeres. A veces, nuestra sociedad, y Holywood sobre todo, atosiga a sus estrellas, no las deja envejecer en paz.

Para terminar, y continuando con mi ejemplo arquitectónico, quiero decir que cuando rehabilitamos con inteligencia las fachadas antiguas de nuestro entorno, es decir, de nuestros barrios, arreglando ciertas patologías (estructura y piel) como consecuencia del paso de los años, también contemplamos seriamente que la nueva fachada sea coherente con la anterior. Esto es importantísimo, la historia de la ciudad se debe respetar; las estructura románicas y góticas deben persistir, las fachadas neoclásicas deben continuar siéndolo, el modernismo a de perdurar y, así, sucesivamente. Actuando de esta manera, la ciudad continua siendo nuestra ciudad, la ciudad que amamos.

Ahora, la Uma Thurman que conocíamos ya no existe, ni siquiera es una imitación de lo que fue, es simplemente otra persona. De repente, y por culpa de estos malditos bisturís, millones de espectadores, nos quedamos sin alguno de nuestros ídolos cinematográficos. Cuando se retiran los añoramos, cuando se mueren de verdad los lloramos, y cuando se transforman frívolamente sin avisar nos disgustamos. A mí, lo de Uma Thurman me sabe muy mal.

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