TERETES.
Matar al mensajero.
[Paco Velasco]

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TeretesLa historia se escribe con la p de poderoso. Siempre fue así y nada en el horizonte permite atisbar un cambio en la naturaleza humana. Es la sociedad que no duda en culpar al portador de malas noticias o, simplemente, al retratista de la fealdad del entorno, como autores cualificados de esos productos. Es la guerra ad hominem y ad feminam como espejos que reflejan la maldad de una acción o la caída en la inutilidad personal.

Jesús Quintero ha sufrido en sus carnes el síndrome del mensajero asesinado. Resulta curioso. Los bombarderos de la verdad provocan desolación y muerte a fin de enterrar la verdad que ellos urden como mentira. Es la generalización universal de la egodistonía, entendida como
conductas que entran en conflicto con la imagen que se pretende dar de uno mismo. Es la consagración de la alienación del yo. Es, dicho sea con todos los respetos, la negación del duelo.

La situación medioambiental de Huelva es notoriamente grave. Lo diga Quintero o lo denuncie la Mesa de la Ría. Su repercusión sobre el turismo es decisiva. Lo admita la Diputación o deje de aceptarlo el Ayuntamiento. Todas las diatribas de políticos oportunistas, sumidos en el horror por la pérdida de sus cargos, son brindis al sol que más les calienta. El ínclito Luciano Gómez, Secretario General de no sé qué sector de la UGT, se atreve a pasar factura al excelente comunicador conminándole al silencio o a la loa como compensación a la medalla que le otorgara la Diputación. Menuda casta. Pero casta, en el sentido de linaje y de irracionalidad. O rectifica, o devuelve la medalla. Al más puro estilo pantojo. Con una salvedad: que la declaración de Quintero ni es delito ni nada que se le parezca.

La industria no es enemiga del medio ambiente. La actividad del Polo debe ser compatible con la ausencia de contaminación. Aquí no se cuestiona esa dicotomía. Lo que se reprocha es la contumacia de los esbirros del poder que asaetean a todo aquel que disienta de los postulados maléficos de los tiranos de turno.

La balsa de fosfoyeso. He ahí la madre del cordero envenenado. La balsa es la plataforma y la cúspide de una pirámide infernal. Servidor invita a los que, de una u otra forma, han permitido ese engendro o quienes no mueven un dedo para hacerlo desaparecer, a que requieran las licencias urbanísticas precisas y las autorizaciones sanitarias pertinentes para construir en ese suelo los chalets de lujo donde residir con sus familias. Apuesto a que rechazan la oferta. Claro, se trata de un regalo envenenado. Yo me opondría con todas mis fuerzas a que la gente, la ciudadanía, instalara allí sus viviendas. Sin embargo, no movería un dedo para disuadir de ese intento a la oligarquía política que predica castidad a los demás mientras ella se sumerge gratis en la orgía más desenfrenada.

Jesús Quintero ha trasladado a los medios el sentir de decenas de miles de onubenses. No lo maten. Respeten su criterio. Y si ha de rectificar, no por la razón de la fuerza, sino por la fuerza de la razón.

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3 comentarios

  1. Inés del Mar on

    Totalmente de acuerdo excepto en la primera oración. La Historia se escribe con g y no con p. G de ganadores, por mucho que se empeñen los perdedores en reescribirla. Los poderosos que no estén al lado de los ganadores están condenados a desaparecer.
    Respecto a la cuestión, las balsas de fosfoyesos son la canallada medioambiental más grande que existe en el mundo civilizado y digo canallada, y no me gusta emplear adjetivos descalificativos para sostener una razón, porque se hizo a conciencia, con pleno conocimiento, no fue un accidente.
    Lo mismo que su formación dió empleo a muchos trabajadores durante 50 años, Huelva se merece una Gran Empresa para retirar y confinar los fosfoyesos y restaurar la marisma; que vuelva a dar empleo a muchos trabajadores.
    Pero está claro que ni el PSOE, en Andalucía, ni el PP,en España, están por la labor. Ambos prefieren taparlos y dejarlos donde están. Mejor gastar el dinero en la Copla, Consorcios, Agencias y similares.

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