Laberinto social.
Esclavitud en Huelva
[Federico Soubrier]

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Federico SoubrierLos españoles, como desde siempre hemos sido muy listos, fuimos los primeros europeos en utilizar esclavos africanos en el Nuevo Mundo y esta proeza se llevó a cabo tanto en La Española como en Cuba. Los llamados negreros, que por entonces se dedicaban a desarrollar una creciente actividad, más tarde definida por Marx como “fuerza de trabajo sometida a la esclavitud para obtener capital”, se lucraron levantando verdaderas fortunas, dejando un interminable rastro de cadáveres diseminados en el océano por los barcos que los transportaban en las condiciones más precarias imaginables desde el continente africano hasta el continente americano.
Podría parecer que las cosas han cambiado mucho desde entonces. Las crónicas cuentan que la esclavitud fue abolida en nuestra península en 1837 y que se prolongó en las colonias hasta finales del siglo XIX. Pero hoy nos encontramos con una panda de listillos, de esos señoritos de antaño, que los consiguen más baratos, incluso más que en aquellos tiempos en que se compraban echándole una ojeada a sus dientes, pues ahora no tienen que pagar a los capitanes que los apiñaban en sus navíos como animales de carga y por supuesto como mano de obra gratuita de por vida comprada por unos pocos doblones de oro.
En la actualidad vienen solos, arriesgando sus vidas, cruzando el estrecho, bien sea en pateras, barcas hinchables, agarrados a la popa de un ferry o mediante cualquier otro medio de transporte que se les ocurra para buscar el sueño europeo, ese de amarrar los perros con longanizas, para que algunos espabilados los “mantengan” trabajando diez horas al día durante toda la semana, pagándole unos treinta euros semanales explotando la miseria de su cuna.
A ese ingente salario, hay que descontarles el transporte e incluso el hospedaje en sus fincas, litera arriba, litera abajo o la de en medio, no quedándoles al final ni quince euros por más de sesenta horas de trabajo, con un resultado aproximado de unos veinticinco céntimos de euros la hora.
Me consta que en tiempos de la inmigración de las primeras mujeres polacas o posteriormente rumanas, muchas chicas sufrieron vejaciones por parte de dueños o capataces de algunas fincas para conseguir un contrato y poder recolectar con salarios impropios, lo que supuso un notable abandono de las labores agrarias por parte de los españoles que por entonces por no admitían aquellos abusos. Ahora, aunque España va bien, incluso algunos se adaptan a aquellas inaceptables condiciones.
Nos llega la noticia de que la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la Ucrif ha detenido a nueve explotadores en Huelva y a tres en Córdoba. Posiblemente tengan mucho tiempo para recapacitar sobre que los barcos negreros y otras muchas cosas ya quedaron atrás, que a día de hoy la Trata de Seres Humanos es un delito incluido en el Código Penal que puede llegar a ser castigado con penas de entre seis y ocho años de cárcel. Esto, al menos servirá de “aviso a navegantes”, a los que aun se mantienen anclados en un pasado lejano a la vez que lamentable.

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1 comentario

  1. Este señor no tiene ni idea de lo que está hablando y lo que hace es criminalizar a un sector que está pasando una dificil situación como es la agricultura, dice que se les explota trabajando diez horas al día durante toda la semana, pagándole unos treinta euros semanales, tengo que decirle que miente, que abusos hay en todos los sectores y no tienes que ser negro para que te exploten, pero no se puede generalizar sobre todo un sector.

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