TERETES.
El jueguecito de Villalobos.
[Paco Velasco]

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TeretesSi respeto significa atención y consideración, la vicepresidenta del Congreso de los Diputados no sabe qué lo uno ni lo otro. Si el precio del respeto se tasa en unidades de ética, la señora Villalobos tiene un valor cero. Si la diputada popular se ha dedicado a jugar con la “tablet” mientras sus compañeros asistían al debate sobre el estado de la nación, resulta acreditado que la parlamentaria ha estado campando por su respeto, o lo que es lo mismo, ha obrado a su antojo y ha prescindido de la más elemental muestra de miramiento hacia sus compañeros, hacia la institución y hacia la ciudadanía. En suma, una vergüenza.

Antes que el comer, necesitamos el respeto para vivir. La supervivencia de la sociedad pasa por reconocer el valor de sus miembros y mostrar la calidad de sus actos. La confianza con los demás se acrecienta con el respeto y suele mermar con los excesos de confidencialidad o con la desmesura de la frecuentación. Decía Goethe que respetar es más difícil que temer pero también más dulce porque no se somete a la amargura del miedo causante del desprecio. Si uno quiere respetarse debe atravesar el estrecho de la responsabilidad. Villalobos desconoce el sentido del respeto y, por supuesto, se cisca en las exigencias de la responsabilidad.

Y si doña Celia ha pecado de irresponsabilidad pública, los intentos de justificación del jueguecito alcanzan la categoría de patéticos y de desvergonzados. La gente puede hacer lo que quiera mientras esté escuchando, ha llegado a manifestar una correligionaria en defensa de su compañera de partido. O es que un médico se dedica a leer la prensa mientras el paciente le explica sus desdichas psicofísicas. O el juez se entretiene escudriñando la factura de teléfono de su casa en tanto el acusado proclama su inocencia. O el sacerdote repasa la homilía a predicar cuando el sujeto de confesión le traslada sus pecados.

La jugadita de Villalobos le ha salido mal. No basta, sin embargo, con el aspecto denigratorio de un trabajo mal hecho. Debe salirle caro. Caro en cuanto a sanción, después de procedimiento garante, y caro respecto a un cargo político que no debe seguir ostentando. No le pido que se le arrebate el acta de diputada, porque sería ilegal. Sí reclamo que se la despoje del puesto de vicepresidenta que deshonra con su proceder.

Mantener a esta señora en el cargo constituye una muestra de discriminación hacia la inmensa mayoría de los ciudadanos que, por actuaciones análogas,sería objeto de reprimendas y de sanciones inapelables. Esta es la casta que provoca hastío en todos y la clase política que causa movimientos de desaprobación general.

Villalobos: menos juegos y más trabajo.

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5 comentarios

  1. Inés del Mar on

    Las tres premisas no son ciertas y en consecuencia lo siguiente tampoco lo es. Con una indignación de doncella deshonrada, por medio de unos razonamientos fuera de contexto y de quicio, con una retórica aderezada de abundantes descalificaciones que hacen difícil distinguir entre lo que es una sana crítica y una simple injuria, se llega a concluir que Celia Villalobos mató a Manolete. Pues no, no fue ella y existe un amplio consenso social además de abundantes evidencias de que no fue así.
    Cuando Moisés bajo del Sinaí, con las Tablas de la Ley, tuvo evidentes motivos para indignarse con su pueblo, que traicionando a Yahveh veneraba al Becerro de Oro. Y ahora, ni está Moisés, ni en el Sinaí, ni tenemos las Tablas de la Ley y el único Becerro de Oro es el que anida en la mente del autor.

  2. en defensa de señor Velasco, el que se hace llamar choquero se esconde envezde dar la cara.Aver si el de la casta es el.

  3. Qué curioso que el facherío onubense, del que este supuesto escritor es socio numerario, hable de LA CASTA…

    Sr. Velasco, ¿se ha vuelto usted de Podemos???

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