DESDE BARCELONA.
Fácil de adivinar.
[Jordi Querol]

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En las próximas elecciones, las que sean (autonómicas, municipales, generales…), los ganadores conseguirán triunfos muy ajustados; serán victorias que distarán mucho de las mayorías absolutas. Nadie lo discute, ni nadie se sorprende cuando oye que, las Alcaldías, las Juntas y los Parlamentos elegidos quedarán muy fragmentados. Es fácil de adivinar.

La mencionada segmentación se debe básicamente a dos hechos extraordinariamente significativos: la corrupción y las desigualdades. La globalización, en vez de unificar criterios, ha generado fragmentación. Supongo que la lógica de este hecho reside en la enorme información que poseemos, es monumental y está al alcance de la mayoría. Los mails, WhatsApps, TV, Internet, radio, periódicos de papel, plataformas digitales… nos rodean a todas horas y en cantidad. Algunos, además, viajamos y nos damos cuenta de muchas cosas palpando la realidad en el propio lugar, es decir, ‘in situ’. En definitiva y desgraciadamente, hemos podido confirmar que la pobreza y la falta de trabajo están aquí, y la brutal corrupción de los que nos están dirigiendo existe y ha existido. En Cartaya, en Julio del 2014, me enteré de lo de Jordi Pujol, pues bien, a estas alturas aún no me he recuperado; y, aún más, cuando vi este reality horripilante de declaraciones instrumentalizadas, insulsas, innecesarias y de tan poca valía, realizado por todos sus hijos e hijas, me desesperé. Gurtels, Barcenas, áticos en Marbella, los ERE andaluces, Millets, Pujols, etc., juntos, no hay quien los digiera. Cuando he dicho corrupción y desigualdades (dos temas inicialmente distintos), lo he escrito en este orden ya que, sin duda alguna, lo primero es, en parte, lo que genera lo segundo. Corrupción no solo significa Andorra, robo y enriquecimiento personal; corrupción quiere decir pensar con egoísmo, actuar tendenciosamente en favor de lo personal; es el abandono total de la ética y del trabajo bien hecho. Los corruptos trabajan 24 horas sin parar, no paran de hacer trampas pensando en sí mismos. Se presentaron para mejorar nuestra situación, y la han empeorado.

Han destrozado muchas cosas que antes funcionaban y han incrementando las desigualdades, o sea, nos han engañado. La sociedad lo ha captado y, ahora, es fácil adivinar el porqué de la aparición de nuevos partidos. Nuevos partidos que pronto entraran a gobernar generando los fraccionamientos aludidos al inicio. Los votos se repartirán entre PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, y todos querrán tener razón; discutirán fanáticamente y, debido a ello, inicialmente la gobernabilidad de España será muy complicada. La solución solo llegará cuando estos partidos se den cuenta de que, en política, la racionalidad es fundamental. Los dos primeros (PP, PSOE) tendrán que asumir que los otros dos existen debido a su mala gestión (corrupción y desigualdades), y los dos últimos tendrán que acostumbrarse a discrepar, pero desde la humildad y el respeto. Repito, solo así se podrá reconstruir lo destrozado, es decir, lo que durante muchos años y en muchos países europeos (incluida España) lograron los socialdemócratas y los democratacristianos. Me refiero al bipartidismo tradicional que tanto bienestar produjo en su día. Estos cuatro partidos (más algunos otros de pequeños) tienen que apresurarse a cumplir con su deber, una obligación arquitectónica ineludible: han de reconstruir el edificio que el PP y el PSOE han agrietado seriamente. Si, entre todos, no se genera una rehabilitación urgente y rigurosa (lo digo como arquitecto con cierta experiencia en rehabilitaciones), corremos el riesgo de que el edificio social se dañe peligrosamente. Fácil de adivinar.

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