TERETES.
No extrapolable.
[Paco Velasco]

1

TeretesLos grandes perdedores de las recientes elecciones autonómicas andaluzas lanzan a la palestra el término que titula el presente artículo. El método de extrapolación marca el camino de una suposición, de una conjetura, de una hipótesis. La hipótesis según la cual, el curso de estos comicios no continuará en los sucesivos e inmediatos porque, eso creen los arúspices del fracaso, estas reglas no permiten aplicar sus conclusiones a las elecciones venideras. En suma, descontextualizan la actual sangría de votos del escenario que se prepara para dentro de un par de meses. Cosas de avestruces.

Cada partido político aguante su vela. Incluso la vencedora Susana debe sacar consecuencias de su victoria parcial, so pena de causar nuevos agravios y más ofensas a los ciudadanos. Qué decir del revolcón que se han llevado Moreno o Maíllo así como del trompazo solidario de sus respectivos Mariano y Alberto. Si se empecinan en recurrir a la retórica huera de la no extrapolación, se barrunta un descalabro próximo de dimensiones importantes. Si no quieren husmear en la realidad social de España, al menos que desconfíen de sus gurús a sueldo o que recelen de la calidad de sus mensajes pasados. Si son incapaces de vislumbrar siquiera el resultado de su equivocada carrera hacia el retroceso, incurrirán en la fatalidad de invocar el “virgencita que me quede como estaba”, en una suerte de deriva hacia la torrentera, arrastrados por los vientos de la no rectificación.

La ciudadanía tiene los mismos problemas en marzo que en mayo y, si me apuran, el año que viene. Aparte de los sufragios paridos por la imagen de unos y otros, el paro y la pobreza golpean a la gente con una fuerza inusitada. Si a ello se agrega el componente de hastío por la corrupción generalizada y el descrédito de instituciones y cargos públicos, la mesa de las municipales está servida. Por tanto, vaya que existe extrapolación. El problema es que confunden las campañas con los programas y con los actos de gobierno. Esa confusión acredita la falta de autocrítica. Vender como éxito económico lo que es un levísimo repunte de la recuperación, es una falacia. Es verdad que el voto es volátil, inconstante y mudable, pero esa vaporosa realidad tiene una base sociológica e incontestable: la inestabilidad política, la oscilación moral, y el poco peso específico.

La solución no pasa por una mejora de la pedagogía de la comunicación, que también. La solución ha de discurrir por un cambio de política. Y este cambio no se puede desligar de una modificación sustancial del programa y de un abandono de la ambigüedad ideológica. Lo que servidor se pregunta es quién será el valiente que denuncie la desnudez de los emperadores. Mientras tanto, que no falte el ridículo. Lo peor de la política de ineptos es el silencio de la gente competente. Las urnas desmienten esa mudez.

No extrapolables. Bueno. Allá ellos. Como escribió Saramago, lo bueno de la derrota es que nunca es definitiva, carácter que comparte con la victoria.

Compartir.

1 comentario

Leave A Reply