VENTANA DEL AIRE.
Semana Santa o profana.
[Juan Andivia]

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Disfrutar de un olor distinto, en que se mezclan azahar, inciensos y cera; asombrarse con una talla de los imagineros mayores: Salzillo, Martínez Montañés, Álvarez Duarte, Juan de Mesa, Castillo Lastrucci, Juan de Arce, los Astorga, Pedro Roldán, Mario I. Moya, Rodríguez Ojeda, Ruiz Gijón o de estos otros importantísimos, como nuestros Antonio León Ortega o Gómez del Castillo, o los también andaluces Navas Parejo, Palma Burgos y Martínez Cerrillo; escuchar marchas procesionales, tristes, pausadas, de reflexión, de amor o de muerte, únicas, con bandas locales o no, pero que invitan al recogimiento y no al belicismo de otra marchas y de otras bandas; pararse en la calle y ver un nuevo paisaje donde siempre se ha visto el mismo, o no se ha visto nunca; respetar las tradiciones y comer hornazos torrijas, gañotes y demás.

Si todo lo anterior no fuera suficiente, si no bastara con ver cómo la gente se emociona, disfruta, se encuentra con quienes están fuera, se excita al narrar, al aconsejar, al cantar; si la sencilla comunión de muchos pueblos no fuera suficiente, imaginemos qué tiene que ser llevar tu advocación a hombros, cantarle una saeta, escribir un pregón o un poema, recordar cada escena que se representa, acompañarla, rezar en silencio, contribuir a la muestra pública de una cofradía, sentir que se es hermano de los hermanos, admirar la belleza aumentada por los ojos que tienen fe, ser protagonista pequeño pero necesario: imaginar esto es saber que puede mejorarse cada día y que se pertenece a una comunidad antigua y diferente.

No existen las razones para desvalorizar la Semana Santa; es más, en el último cuarto del siglo pasado vimos cómo, tras un declive suave, remontaron con fuerza las nuevas hermandades y el fervor popular.

Sagrada o profana, nuestra semana de Pasión es digna de ser disfrutada en cada rincón, en cada pueblo y habrá que desconfiar de quienes, pudiendo hacer la elección libre de su ausencia, dedique un segundo de su tiempo a atacar lo que debemos considerar una de nuestras mayores riquezas.

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