DESDE MI CABINA.
Sentados en el umbral de la impaciencia.
[Paco Morán]

Más de lo mismo en una semana en la que el Recre tiene otro evento para aumentar sus posibilidades de permanencia. Promesas incumplidas y nuevas promesas no pronunciadas por los dueños del club, sino por la rumorología.

Abstraerse de la caótica situación de empleados y plantilla a nivel económico, es imposible por muy insensible que uno sea. Disociarse de las enormes dificultades que tiene el Recre para asegurar su futuro, igual.

No se puede huir del enorme problema que tiene el Decano y que a su afición la tiene al borde de un ataque de nervios.

Pero poco podemos hacer desde los púlpitos radiofónicos. Sólo esperar para ver qué pasa. Y esperar que sea el Trust del Recre el que encabece sus reclamaciones a partir de la asamblea de anoche. Desde los medios, sólo podemos poner altavoces a quienes quieran decir lo que deseen. Yo particularmente he definido la situación como de poco halagüeña para mirar hacia el futuro. La salvación únicamente pasaría por la aparición del milagroso inversor que se pudiera hacer con el club a cambio de la deuda. Eso sí, con avales de pago. Y aún así, como le dije en su día a Comas, se metería en un lío al comprar una empresa en ruinas. Sólo si tuviera ese inversor una cuenta corriente con muchos ceros, le sería algún día rentable la empresa. Pero insisto que un club en Segunda no es negocio.

Por eso tengo dudas de que haya colas en el Colombino de personas interesadas en comprar, conociendo la deuda y además sabiendo que los dueños le pedirían dinero por dejar sus acciones. Estaríamos hablando de unos 17 millones entre deuda y posibles peticiones de los dueños.

¿Creen ustedes que un señor con 17 millones en el bolsillo no podría sacar mayor rentabilidad en otra inversión? Si.

Pero como no está en nuestras manos salvar al Decano, sí que podemos decir que si existe una posibilidad de seguir con vida, ésa sólo es posible en Segunda División. De ahí que las movilizaciones y convivencias antes del partido ante la Ponferradina, lleven el denominador común de ver a una afición única para todo. Y acoplada para lo bueno y lo malo. Adherida para los pitos y para los aplausos sin que ello pueda provocar fisuras.

Dentro de esta vorágine llena de incertidumbre, a los que veo aislados son a los jugadores. Estos saben que no van a cobrar hasta final de temporada y lo tienen asumido. Su grandísima profesionalidad está fuera de toda duda.

A día de hoy el vestuario es una piña conjurada en dejar al Recre en Segunda División. A día de hoy la afición sabe que sólo así podríamos tener un verano en el que habría algunas posibilidades de seguir en la categoría; en Segunda B, ni tan siquiera habría supervivencia.

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