TERETES.
Imputables e inimputables.
[Paco Velasco]

TeretesHay que revisarlo. Lo de los menores de 14 años como inimputables penales, necesita un nuevo estudio. La teoría de que los chicos de esas edades no son responsables penalmente no se sostiene. Nadie cree que el chaval que ha matado a un profesor con una ballesta o con un cuchillo no comprenda su acción o las consecuencias de la barbaridad. A falta de enajenación mental o de alteraciones perceptivas o de trastorno mental transitorio, ese chico no puede ser inimputable porque le falte un par de minutos para cumplir las catorce primaveras. Si existe un brote psicótico, pues bien. Si no, la edad no ha de ser cajón de sastre de la impunidad.

Esta circunstancia biológica y vital exime a estos muchachos de responsabilidad y culpabilidad por sus actos. Una frontera infranqueable. Aunque hieran y maten. Que no, que no. Que las leyes van muy por detrás de la realidad. Está bien que no se adelanten, pero mal que vayan rezagadas hasta ese punto. Cuatro criterios para una ejecución. El criterio de tiempo que despenaliza el homicidio. El criterio de norma en vigor que deja en nada la conducta antijurídica del tipo. El criterio de valorar que ese chico no es capaz de comprender el alcance de clavar una flecha disparada o de hendir su puñal en el pecho de un profesor. Y el criterio circunstancial de la inmadurez psicológica para saber qué hace y qué le va a pasar.

El tema no es nuevo. Sin embargo, la actualidad obliga a reflexionar sobre el particular. En especial sobre la categoría de dolo en el ballestero/cuchillero. Anteponer lo general a lo particular no deja de ser un mal uso. El límite de la edad de la inimputabilidad acerca a todos al saco de la irresponsabilidad. Lo mismo da el que asesina a sueldo de la mafia del estado islámico que el que golpea a otro hasta la muerte en defensa propia. Según la ley del menor, a tan temprana edad, no cabe el internamiento. La solución pasa por los ámbitos de origen del problema: la familia y la escuela.

En una sociedad en la que los hijos maltratan a los padres y los estudiantes a los profesores, la ley regula la reinserción en los focos de la desestructuración del sistema. Como si un pantocrator imposible hiciera de hermano mayor televisado. En qué país estamos. Qué futuro estamos construyendo para nuestros hijos y nietos. En la casa del afecto debe anidar el respeto y en la ciudad de la comprensión ha de habitar la firmeza. Los extremos han de ceder su protagonismo a los medios, como hogares de las virtudes. A un padre que abofetea a su hijo por llegar de madrugada a casa y borracho, la ley le impone meses de cárcel y alejamiento familiar. Al profesor que castiga a su alumno por llevar una navaja en el bolsillo, se le aparta de la función.

Reparen en este caso real. Una profesora de un instituto de secundaria de la provincia de Huelva ha sido expedientada por impedir que dos de sus alumnas acudieran a su clase de taller de cocina. El instructor del caso pide para ella separación del servicio. Dice que la docente ha lesionado el derecho a la educación ¡durante una hora! de las dos menores. Lo dice en un contexto en que los alumnos son expulsados al pasillo con la rutina con que acuden al baño. Lo que no dicen es que la profesora evitó un posible desastre. Las menores, nerviosas y violentas, estaban a punto de entrar en un aula con cuchillos al alcance de sus manos. A la profesora le hacen pasar un calvario administrativo de no te menees. Esos capos de la educación son los primeros que defienden la inimputabilidad de los menores que, provistos de un pincho, o de una ballesta, o de una catana, entran en el aula como perico por su casa y arremeten contra el primero que les mira. Pobrecicos los menores, que no saben lo que hacen. Inimputables ellos. Imputables los que miran para otro lado. Es más fácil estar que ser.

4 Responses to TERETES.
Imputables e inimputables.
[Paco Velasco]

  1. Cuantas veces hacemos el más estrepitoso ridículo.La pluma del autor es magnífica.

  2. Es verdad, tiene mucha razón la comentarista del artículo que dice

    “pero no tengo claro si es más dañino, que algunos estén o que pretendan ser.
    Y esto es lo que sucede con “el Internet”, que gentes de cualquier catadura pueden escribir en cualquier sitio, cualquier ocurrencia. Total, no hay que pagarles nada y lo mejor es no echarles cuenta y que sigan comiéndose a sí mismos y qué más da lo que digan.
    Creo que lo dice aplicándose el cuento. Cuando una crítica carece de fundamento y de propuestas es eso “gente de cualquier catadura que opina”. Dejemoslo estar, decir, contar y divagar … Internet lo permite y con límites. Este foro los tiene. Mi respeto a ellos.

    Totalmente de acuerdo con lo que dice el autor “Nadie cree que el chaval que ha matado a un profesor con una ballesta o con un cuchillo no comprenda su acción o las consecuencias de la barbaridad. A falta de enajenación mental o de alteraciones perceptivas o de trastorno mental transitorio, ese chico no puede ser inimputable porque le falte un par de minutos para cumplir las catorce primaveras. Si existe un brote psicótico, pues bien. Si no, la edad no ha de ser cajón de sastre de la impunidad”. Es decir, la inimputabilidad sólo aplicable al brote psicótico.
    Todos sabemos que la realidad va por delante de la normativa. Es una constante histórica. Aplicado al caso, vemos que aumentan los casos de menores que agreden y llegan al delito. Es una realidad que precisa de tratamiento jurídico cuanto antes. Tratamiento médico, lo hay. Y es precisamente en pro de su reinserción social como persona de orden que se precisa de regulación. Una regulación que dé cobertura a su familia, a los afectados por su agresión y a los propios menores. No puede ser que en un Estado de Derecho se produzcan vacíos de tratamiento legal, como es el caso.

    De acuerdo en todo, Sr. Velasco. Su pluma es de una singularidad que no es posible que sea comprendida fácilmente.

  3. Fin de semana, un ratito de descanso, a ver qué hay y casi se me atraganta el té.
    Confunde la velocidad con el tocino porque no se trata de imputar ni de impunidad sino de reinsertar, de dar una oportunidad a un menor, de poco más de diez años, con escasas experiencias vitales; que tiene toda una vida por delante. Lo fácil es la pena de muerte, el ojo por ojo, el látigo, la lapidación y la cadena perpetua ¡y listo! se acabó el problema; eso lo hace cualquiera. Pero nuestra Sociedad hace mucho tiempo que, afortunadamente, abandonó esta forma de pensar; más propia de la Edad Media.
    Y encima tiene una que leer que: “en la casa del afecto debe anidar el respeto”, cosa que en ésta brilla por su ausencia; adornado, para dar verosimilitud, con una patraña tras otra que sólo existen en la cabeza del autor y de las que se alimenta compulsivamente.
    ¿Cómo se puede decir que a un profesor se le aparta de sus funciones por castigar a un alumno que lleva una navaja en el bolsillo y quedarse tan tranquilo? o que: “Esos capos de la educación son los primeros que defienden la inimputabilidad de los menores que, provistos de un pincho, o de una ballesta, o de una catana, entran en el aula como perico por su casa y arremeten contra el primero que les mira.” y del supuesto caso real…un disparate por no decir otra cosa.
    Pues es sí, es más fácil estar que ser, pero no tengo claro si es más dañino, que algunos estén o que pretendan ser.
    Y esto es lo que sucede con “el Internet”, que gentes de cualquier catadura pueden escribir en cualquier sitio, cualquier ocurrencia. Total, no hay que pagarles nada y lo mejor es no echarles cuenta y que sigan comiéndose a sí mismos y qué más da lo que digan.

  4. Muy bueno, de verdad.

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