DESDE BARCELONA.
Relativo a la corrupción.
[Jordi Querol]

Tengo amigos de derechas que son excelentes personas, son trabajadores, inteligentes y honestos y, también son honestos, inteligentes y muy trabajadores, mis amigos de izquierdas. Dicho esto me gustaría exponer mi punto de vista respecto a un matiz relativo a la corrupción. Dejando aparte la ‘gauche divine’ que siempre ha existido, en general, el político de izquierdas proviene del mundo obrero, es decir, un mundo muy castigado y, como algunos sabemos, durante muchos siglos explotado. En los pueblos de España, el obrero se ha levantado siempre muy temprano y, haciendo de camarero, mecánico, peón, u otros menesteres, ha subsistido. Después en democracia, uno de aquellos mecánicos, inteligente y afanoso, logró ser el alcalde de su estimado pueblo. En su día todos lo votaron, era el más listo, el más ambicioso, el que mejor hablaba. Ya en el poder, los camareros eran otros, el no tenía que ir al bar a tomar café, se lo subían a su despacho. Su carrera fue meteórica y, al final, lo de siempre, comisiones urbanísticas y numerosos sobres repletos de euros (billetes de 500) fueron suficientes para poder edificar su nueva vivienda, un estupendo chalet. Sin embargo, aquel alcalde de izquierdas nunca se olvidó de sus amigos y conocidos. Hablaba con ellos a menudo y, durante las fiestas del pueblo, compartían caseta, la del PSOE. Pasó de pobre a rico pero ayudó a la mayoría de sus amigos, nunca les dio la espalda. No tenía un no para nadie y hacía muchos favores, ayudas muy diversas, pero con un factor común: eran favores para que sus amigos pudieran subsistir. Les lograba trabajos temporales en el Ayuntamiento, los ayudaba a conseguir cánones agrícolas, los colocaba en Cooperativas, etc. Por eso, en su pueblo nadie lo critica, casi nadie lo envidia, todos están con él. Le perdonan que sea rico y siempre lo vuelven a votar. Para mí aquí está el matiz relativo a la corrupción, aquí radica la diferencia.

La corrupción de la derecha es menos lógica, se parece más a un divertimiento. Rato con sus acciones corruptas aumenta su patrimonio, o sea, incrementa su fortuna, pero antes ya era rico. Todos sus amigos son ricos. El ciudadano Iñaki Urdangarin tenía de todo, unos esplendidos veraneos en Mallorca, navegaba gratis, viajaba gratis, etc. ¿Por qué quería más? Todos los corruptos de derechas han nacido en ambientes calefaccionados, siempre han viajado en primera, saben lo que es el cachemir desde muy chicos, la presión del agua de sus baños siempre ha sido excelente y cenaron infinidad de veces en el desaparecido “El Paraíso” y, aún así, quieren más. Independientemente a que estoy totalmente de acuerdo en que la corrupción tiene que ser castigada severamente y erradicada para siempre, yo comprendo mejor la corrupción de izquierdas y, creo sinceramente que muchos otros ciudadanos españoles piensan como yo, por eso, hace unas semanas Susana Diaz dominó. El alcalde con el que he empezado este artículo nació muy lejos del cachemir y, excepto el rio Llobregat, no había cruzado nunca ningún otro rio, no tenía nada. Yo, sus trapicheos políticos y sus trampas urbanísticas no las comparto, simplemente me provocan nauseas, pero las entiendo más que las de Rato, Urdangarin, Millet, Matas, Pujol, Barcenas… Todos estos siempre han sido ricos, tenían buenos empleos y nunca en su vida pasaron frio. Los corruptos de derechas han sido más egoístas que los de izquierdas, y no han hecho tantos favores a sus afines, por eso, los votantes castigarán más a los primeros que a los segundos. Tiempo al tiempo.

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