DESDE BARCELONA.
Medio siglo juntos.
[Jordi Querol]

Estoy en el AVE camino de Madrid. He salido a las 8:25 de Barcelona y estaré en la capital alrededor de las 11:30. Para mi prima y su marido hoy, es un día singular, celebran con familiares y amigos su 50 aniversario de boda. Yo lo puedo acreditar porque hace medio siglo también estuve en el templo donde se casaron (un gótico tardío muy elegante). Por aquel entonces yo estaba en el penúltimo curso de mi carrera y, al coincidir la fecha del casamiento con un examen importante, tuve que pedir permiso al jefe de estudios. Le expliqué que no podía evitar el mencionado evento ya que yo, además, de ser primo de la novia tenía que conducir el Seat-600 que, acompañado de mis padres y hermanos, nos trasladaba a Madrid. La economía de mi familia no nos permitía viajar en avión, éramos cinco y así, juntos en coche, el presupuesto era asequible. En la Escuela me dieron permiso a cambio de examinarme a la vuelta oralmente. Aquel día, paramos en Zaragoza a comer y llegamos a Madrid por la tarde, consumimos aproximadamente nueve horas; un viaje familiar, relajado y alegre. Los dos más voluminosos íbamos delante (mi madre y yo) y, detrás, los más delgados.

Mis hermanos y yo, crecimos junto a mi prima. Su madre y la nuestra además de hermanas eran amigas inseparables. Vivíamos todos en Barcelona y en barrios muy cercanos, las dos familias estaban muy unidas. Más tarde, el padre de mi prima (mi tío) tuvo la oportunidad de lograr un atractivo trabajo en Madrid y allí se instaló con toda su familia. Posteriormente, mis primos se fueron casando con madrileños (o residentes en Madrid), por eso, hoy nos volveremos a ver en esta hermosa ciudad.

Estoy absolutamente seguro que después de la comida habrá discursos de felicitación, piropos varios y elogios; 50 años (medio siglo) es mucho. Aprovechando el confort del AVE estoy escribiendo este artículo y, así, estructuro algunas ideas para usarlas después en la fiesta. Si hablo (que aún no lo sé), me referiré al tiempo y a la velocidad de las cosas. Aprovecharé para comparar la velocidad del AVE con el viejo 600 de antaño, que mi padre nos compró a mi hermano y a mí para evitar motocicletas, y también confrontaré las horas del año 1965 con las de ahora. Las de ahora tienen 20 minutos y las de entonces 200 y, finalmente (en estos casos es bueno ser breve) hablaré de las lejanías. Lo aré recordando a Joan Margarit, un gran arquitecto y mejor poeta, al cual yo quiero y admiro mucho. Margarit dice: “a medida que envejecemos las lejanías van desapareciendo y, mires donde mires, todo está igual de cerca”. Es absolutamente cierto. En la actualidad, vivimos muy de prisa surcando tiempos y espacios a través de horas muy breves, sin embargo, esta maldita dimensión del tiempo tiene una ventaja asombrosa, también nos traslada al pasado con mucha rapidez, por lo tanto, como dice Margarit la lejanía se acerca. Se aproxima tanto, que aquella boda de hace 50 años ya no es ‘pasado’ sino que es ‘presente’.

Ya sé que el filosofo francés Henri Bergson cuando dijo que “la memoria es un acto reiterado de interpretación” insinuaba maliciosamente qué el pasado es maleable, sin embargo, y haciendo caso omiso de Bergson, yo que conozco muy bien a la pareja, les felicitaré de todo corazón por ese esplendido viaje. Sé muy bien que han recorrido juntos este largo trecho con mucha dignidad.

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