Laberinto social.
El difunto entre las piernas.
[Federico Soubrier]

Federico SoubrierAunque había visto la noticia en las redes, me sorprendió mucho más la difusión que está teniendo en los corrillos así como los innumerables chascarrillos que está produciendo una cosa “tan seria”.

Al parecer, al menos así rezan las múltiples informaciones que van llegando, el ingenioso artista Mark Sturkenboom ha diseñado un dildo, extraño “palabro” para designar un artilugio que da placer sexual a las féminas, vamos, lo que se dice un consolador de toda la vida, pero con la singular característica de llevar en su interior los 21 gramos, lo que se dice que pesa un alma, de las cenizas del difunto para goce de su viuda.

Siendo estos utensilios un invento milenario, pues ya en la china ancestral las mujeres los usaban confeccionados con cera de abeja, al menos eso estudié en una extraña asignatura de sociología, ahora este paisano de la unión europea lo perfecciona y lo complementa, pudiendo oírse la balada predilecta del occiso a la vez que respirar el aroma del perfume que utilizaba el finado mientras se efectúa el baile pélvico al compás de sus vibraciones.

Me pregunto qué sentirá el fallecido, ese al que posiblemente le hayan dicho muchas veces “ahora no amor, tengo una terrible migraña” cuando lo tenga dando cabezazos en el interior de la cápsula sin poder disfrutar del asunto.

Seguramente nos enfrentamos a un vacío legal, dado que al muerto lo mismo le hacía ilusión que esparciesen sus cenizas en la mar y tal vez le cabrearía pasar a la eternidad metido en una batidora recostado entre las bragas del comodín a la espera de otra húmeda sesión.

Evidentemente todo aquello que pueda producir placer a las personas sin molestar a otras debería estar permitido, cada cual tendría que llevarse de este absurdo mundo el más extenso de los currículos de placeres disfrutados, pero de alguna manera quedaría en entredicho el que ahora se exhumasen miles de tumbas para retomar el sexo perdido incinerando los restos de los que allí descansan, cuestión a la que lo mismo se negarían algunos de los herederos.

De alguna manera la “reliquia incorrupta” me trae a la memoria una fracción memorable dedicada a los clásicos del cine, aquella del increíble hombre menguante de la película de Almodóvar “Hable con ella”, digna de verse, que a mi entender raya entre la estupidez y la genialidad más sublime.
He de confesar que me parecía mucho más romántica la práctica suiza de convertir las cenizas del difunto en un diamante para anillos o colgantes, pero en la guerra todo vale y, al final, me temo que todo esto provocará la desaparición de los camposantos junto con las sombras de los cipreses que dejarán de ser alargadas, para que lo sean las noches de las pobres desconsoladas.

Supongo que el bueno de Mark estará trabajando para diseñarles algún artefacto placentero a los viudos, que por supuesto llevará también música y perfume acoplados. Posiblemente quedará algo así como un donuts con cierto parecido a un sonajero.

Tengo que agradecerle a este inventor que al menos nos dé un rato de relax para no preocuparnos por cosas más serias a la vez que le deseo que su pack, que visualmente más bien parece un regalo de comunión, tenga todo el éxito del mundo y sea capaz de consolar a todo aquél que lo necesite.

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