Opinión: El reciclaje textil, cosa de niños

(Texto: Elisabeth Molnar. Directora General ‘Humana Fundación Pueblo para Pueblo’) Reciclar es tan fácil que es cosa de niños. Cierto. Coincidiendo con la celebración el 17 de mayo del Día Mundial del Reciclaje tenemos la oportunidad de reflexionar sobre los retos y oportunidades que tenemos por delante en esta materia. Reciclar es un gesto sencillo con evidentes beneficios medioambientales pero también económicos y sociales. Por ello, es responsabilidad de todas y todos.

En los últimos 25 años hemos avanzado mucho, como demuestran algunos datos conocidos recientemente: en 2013 cada persona generó en España 449 kilos/año de residuos mientras que la media de la UE se sitúa en los 481 kilos/año (informe Eurostat). Una cifra que pone de manifiesto la importancia de seguir trabajando la prevención, conjunto de acciones adoptadas antes de que un producto se convierta en residuo. No obstante, seguimos alejados de los índices que fija Europa para el 2020 y con evidentes espacios de mejora, como es el caso de la reutilización y el reciclaje de ropa y calzado usados. Enmarcados en la categoría de residuos domésticos, sus niveles de reutilización y reciclaje aún se sitúan lejos del vidrio o los envases pese a que el residuo textil tiene un alto potencial de reutilización sin necesidad de tratamiento.

Se calcula que una persona compra anualmente unos 16 kilogramos de ropa (¡alrededor de 36 prendas!) y que un porcentaje significativo se usa muy pocas veces hasta que finaliza su vida útil en la basura o, en el mejor de los casos, en un contenedor de residuo textil.

Del total de piezas de ropa que la ciudadanía española tira anualmente, solo una de cada cinco se deposita en un contenedor destinado para tal fin o se entrega a una organización especializada en su gestión conforme a lo que determina la Ley 22/2011, de residuos y suelos contaminados: priorizando la preparación para la reutilización sobre el reciclado y éste sobre la valorización energética y la eliminación.

Un porcentaje alto de la ropa que ya no sirve se puede utilizar de nuevo, reduciendo así el volumen de residuos, favoreciendo el ahorro de recursos naturales y energéticos que se destinarían a la producción de nuevas prendas, contribuyendo a la reducción de las emisiones de CO2, etc. Reutilizando, impulsamos, por tanto, la moda sostenible, alejada de patrones de consumo que van en contra de la sostenibilidad por la que todos debemos trabajar.

Si, además, de su tratamiento se encargan entidades no lucrativas con un fin social se logran numerosos beneficios para el conjunto de la sociedad, aquí y en otras partes del mundo: creación de puestos de trabajo de calidad, inserción laboral de personas en riesgo de exclusión, apoyo a iniciativas sociales de ámbito local, sensibilización ciudadana en materia de sostenibilidad, realización de proyectos de cooperación al desarrollo…

Es el momento de revisar la fórmula que nos ha permitido crecer y progresar como lo hemos hecho y, de este modo, contribuir a la sociedad fieles a nuestros fines fundacionales, convencidos de que a través de la recuperación y reutilización del textil se pueden lograr muchos objetivos: contribuir a la valorización de ese residuo, promover un consumo responsable y realizar acciones de carácter social con los recursos obtenidos.

Y ello se puede conseguir con una triple acción: concienciar a la población de que la ropa en buen estado se puede donar y alargar así su vida útil; implicar a las administraciones para facilitar y divulgar los beneficios de la recogida selectiva, y potenciar el esfuerzo de las organizaciones del sector para explicar qué hacemos con la ropa usada.

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