En el recuerdo de Carlos Gardel

ImagenGardel(Texto: J.J. Conde)  Procurabas mantenerme en la alerta del 24 de junio de cada año. “Quiero que hagas algo”, me decías ya por último arrellanado en la isla-sillón de los pensares; cansado el ánimo, pero en el corazón latiéndote fuerte aún el eco gardeliano. Pues aquí me tienes, fiel a la cita del veinticuatro, para proclamar a los cuatro vientos que nuestro querido Gardel sigue ostentando el cetro de rey del tango. Y es que, padre, Carlitos canta cada día mejor.

Guardaré en la memoria para siempre, el recuerdo de aquellas tardes de todos los días en las que mi madre y yo aguardábamos inquietos la presencia tuya. Y tú, a deshoras y con la pesadumbre a cuestas, asomabas por el quicio de la puerta marrón claro de la casa de la plazoleta. Que era raro verte entrar en solitario. Que lo tuyo fue el ejercicio constante de la amistad cabal. Aparecías, por ejemplo, en la compañía hermana de José Manuel de Lara y el salón se inundaba por entero de los sonidos lastimeros del bandoneón, de los amores amargos de las criollitas, y de versos de plata; y en todo ello, Carlos Gardel desde la placa de 45 r.p.m. añorando su “Buenos Aires querido”.

Se te vislumbraba por el dintel, apoyado en Juan Bautista Mojarro, y el salón se engalanaba de la milonga sentimental y de la primavera blanca con Lucero correteando todavía por las entrañas; y en todo ello, Carlos Gardel desde la placa de 45 r.p.m. inmerso y grave en su “Silencio”. Se deslizaba tu figura al través de los visillos de la ventana de cuadros, y enseguida tenías abierta la puerta para que tú y el amigo Nogales convivierais en el salón “Mano a mano”, junto al “Caminito” preñado de sueños, en el “Barrio reo” de vuestras primeras andanzas y de vuestro primer dolor; y en todo ello, Carlos Gardel desde la placa de 45 r.p.m. y el corazón resquebrajado por “Un tropezón”. Emergías sin que nada te delatara, y en una de las veces trajiste a Antonio de Salas Dabrio, y el salón se cubrió, de pronto, de algo de valor y de inocencia, de enigmas, de ausencias, de calles redondas, de romances y oraciones, de estrellas y de lluvia, de espejos, de bohemia, de abandono, de suicidio; y en todo ello, Carlos Gardel desde la placa de 45 r.p.m. con “La última copa” aprisionada.

Deambulabas, padre, por el salón de losetas grises y levantadas de la casa de la plazoleta; que la carga de las espaldas en la isla-sillón de los pensares la descansabas. En aquellas tardes de todos los días, en las que un niño no sonriente ponía placa tras placa sobre el doloroso tocadiscos de madera barnizada. Y entre zambras, canciones porteñas, valses criollos, tangos estilo, tangos cómicos, tangos romance, tangos milonga y tangos canción derramabas alguna que otra lágrima. Mientras, el niño no sonriente, apoyado con sus codos en la Philips de caja, se embebía de melodías hasta la madrugada. Y en todo ello, Carlos Gardel se despedía, escaleras arriba, con un desesperado “¡Adiós, muchachos!”

 

 

One Response to En el recuerdo de Carlos Gardel

  1. ¡¡ Grandes recuerdos !! Un abrazo Jesús.

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